Tuesday, May 22, 2018

ESPERAMOS TIEMPOS MEJORES por JORGE COSTADOAT SJ



Por los años sesenta y setenta Pablo VI nombró en Chile una generación de obispos excepcionales. Juan Pablo II, a partir de los años ochenta, en Chile y el resto de América Latina, nombró obispos con poca libertad para interpretar la doctrina de la Iglesia, hombres sin las luces de la generación anterior, timoratos, estrictamente fieles al gobierno del Papa.
Los obispos chilenos de Pablo VI hicieron frente a la dictadura de Pinochet. El cardenal Raúl Silva Henríquez creó la Vicaría de la Solidaridad que acogió y defendió a las víctimas de violaciones de los derechos humanos. Bajo la inspiración de la conferencia episcopal de Medellín (1968) y luego de la de Puebla (1979), y de la Teología de la liberación, la Iglesia chilena hostigada y perseguida, especialmente en las comunidades eclesiales de base, experimentó un fervor evangélico y profético extraordinario.
Estos mismos años, sin embargo, comenzó a hacerse fuerte el catolicismo conservador, discordante de las voces oficiales. Tenía a su favor a Pinochet y al cardenal Sodano, el nuncio. También tenía el viento favorable al entrevistado de Messori en Informe sobre la fe, el cardenal Ratzinger, el principal intérprete del Concilio en los últimos cincuenta años y fiero censurador de los teólogos de la liberación.
Lo que explica en gran medida las proporciones del problema de la Iglesia chilena actual, es que este fortalecimiento del catolicismo conservador se concentró en la agrupación sacerdotal muy poderosa creada por un párroco, el sacerdote Fernando Karadima, un hombre intelectualmente limitado, pero encantador de la elite. Este generó en torno a su persona una verdadera secta de jóvenes frágiles psicológicamente de los que abusó sexual y espiritualmente. No sin el consentimiento de Sodano, quien tenía un despacho privado en la parroquia de Karadima, de este grupo fueron nombrados obispos Juan Barros, quien llegó a constituirse en la “manzana de la discordia”, Andrés Arteaga, Tomislav Koljatic y Horacio Valenzuela.
El caso estalló en 2010. El nuevo arzobispo de Santiago el cardenal Francisco Javier Errázuriz, apartó al párroco de sus funciones. Pero lo hizo después que las víctimas de Karadima, James Hamilton, Juan Carlos Cruz y Andrés Murillo, le rogaran justicia desde 2003. El año 2011, el nuevo arzobispo, Ricardo Ezzati, tras investigar la situación, sancionó al párroco, impidiéndole ejercer públicamente el sacerdocio y la dirección espiritual. Paralelamente el caso fue presentado ante los tribunales de justicia los cuales, luego de haber juzgado culpable a Karadima, lo absolvieron por prescripción de los delitos.
En los años sucesivos se destaparon numerosos casos de abusos sexuales del clero, abusos de pederastia y pedofilia. Unos terminaron con sentencias civiles (hay sacerdotes presos), otros con sentencias canónicas (restringidos en su funciones sacerdotales) y, en fin, algunos cuantos aún están siendo investigados. Los doce recién suspendidos en Rancagua completan un panorama es desolador. El clero y casi todas las agrupaciones religiosas de varones, han tenidos casos de abusos y acusaciones (incluidos nosotros los jesuitas).
El Papa Francisco, después de equivocarse más de dos veces respecto a Juan Barros, repudiado por la diócesis de Osorno, decidió informarse a fondo y tomar medidas drásticas. Envió a Chile a investigar la situación al obispo de Malta Charles Scicluna y a Jordi Bertomeu, de la Congregación para la Doctrina de la Fe. El resultado de esta indagación hizo concluir al Papa que había sido mal informado. ¿Quién lo informó mal? No lo sabemos. Pero, o él no le hizo caso a Francisco Javier Errázuriz, uno de la comisión de los “Nueve” (uno de sus estrechos colaboradores), ni al nuncio Ivo Scápolo, que por cercanía y cargo debieron hacerlo, o estos, o uno de estos, inclinaron la balance del lado de Barros. M. Ezzati, en cambio, tendrá otros “pecados”, pero se sabe que se opuso al nombramiento del obispo de Osorno.
Hoy, tras la renuncia de todo el episcopado chileno, parece cerrarse un capítulo y abrirse otro. ¿Será uno mejor?
La situación es inaudita. La carta que el Papa que entregó en privado a los obispos para discernir con ellos el futuro de la Iglesia chilena, es conmovedora. Este documento revela el impacto que han producido en Francisco los gravísimos abusos sexuales, psicológicos y de conciencia, de mayores y menores; y a su vez, estremece a los católicos por el tipo de inmoralidades cometidas por obispos y mandos medios en labores de encubrimiento de tales abusos y delitos. El documento, por una parte, esboza un verdadero programa de futura reforma de la Iglesia chilena y, por otra, confirma la comisión de irregularidades tan graves como destruir archivos, es decir, eliminación de pruebas. Cualquiera puede imaginar que el informe de 2,400 páginas que el investigador Charles Scicluna entregó al Pontífice, es espeluznante.
¿Qué viene? Suponemos que Francisco acogerá la renuncia de varios obispos renunciados ¿Cuántos? Es casi seguro que saldrán de la conferencia los cuatro dirigidos espirituales de Karadima. Además, todos los que ya habían renunciado por edad. Son cuatro. ¿Alguien más? No sabemos. Es decir, en el futuro inmediato tendrá que nombrarse, por lo menos, a ocho obispos y a un noveno por la sede vacante de Valdivia.
¿Qué viene? Ignoramos si los obispos que queden y los nuevos estarán a la altura de las exigencias que el Papa les ha puesto en el documento en comento. Francisco pide a todos trabajar por una Iglesia profética que sepa “poner a Cristo en el centro” de su corazón y de su acción. Un Iglesia profética, como la de los obispos de Pablo VI que se orientó por la opción por los pobres y encaró las violaciones de los derechos humanos, y no como la que vino después, la de la jerarquía que, en palabras de Francisco, “dejó de mirar y señalar al Señor para mirarse y ocuparse de sí misma”.
He aquí que surge una pregunta inquietante: ¿estarán capacitados los obispos que queden para emprender una conversión de esta magnitud? ¿Claudicarán estos a su alianza de clase con la elite de un país injusto como Chile? Hay entre estos obispos muy conservadores e incluso alguno que, antes de ser sacerdote, trabajó como abogado en dependencias de la dictadura. Si el Papa Francisco quiere realmente hacer los cambios que su giro pastoral requiere, tendrá que poner los medios para que sus palabras no queden en letra muerta. Deberá aceptar la renuncia de varios obispos más. Tendrá que desnivelar la conferencia episcopal. La Iglesia chilena ha pretendido operar con dos pastorales al mismo tiempo: una para los sectores altos, acomodados y religiosamente de tendencia pre-conciliar; y otra inspirada por las conferencias de Medellín, Puebla, Santo Domingo y Aparecida que, como cuatro martillazos sobre un mismo clavo, ratificaron una opción preferencial por los pobres. Pero en los últimos veinticinco años, al menos en la diócesis de Santiago, parece no haber pastoral alguna.
Otra pregunta: ¿Hay gente que pueda ser nombrada para reemplazar a los que se van que cumpla con el giro que el Papa quiere darle a la Iglesia chilena? En su carta hay una queja contra los seminarios. Los seminarios del período del “invierno eclesial” de Juan Pablo II han “resacralizado” al clero. Este tipo de clero, concluye la Royal Comision sobre los abusos de menores en Australia (2017), genera relaciones humanas asimétricas e inapropiadas.
El Papa Francisco delinea un programa y pone los fundamentos para esperar algo mejor. Por de pronto, recuerda que Dios actúa en el santo pueblo de Dios y que en este pueblo hay una fe y una energía extraordinaria. Si los futuros obispos no se nutren y aprenden del pueblo de Dios en quien reside la fe de la Iglesia, creo yo, volveremos a lo mismo. Es imperioso, por tanto, dar participación a los fieles en la organización de su Iglesia. Lo dice Francisco con estas palabras: “Permítanme la insistencia, urge generar dinámicas eclesiales capaces de promover la participación y misión compartida de todos los integrantes de la comunidad eclesial”, dejando de lado la “psicología de las elites” (estilo y prácticas sectarias). ¿Participarán en alguna instancia los laicos en la elección de los próximos obispos?
Es la hora de los laicos. Esperamos que la nueva generación de obispos termine de “ordenar la casa” y ponga la Iglesia al servicio del mundo. Lo hagan o no lo hagan, ya ahora los católicos, curas y fieles debieran asumir un rol protagónico. Urge crear algo nuevo. Se necesita una Iglesia de comunidades. Se necesitan comunidades de todo tipo que exijan respeto y participación, capaces de representar con respeto sus diferencias a la autoridad y de rebelarse contra los atropellos. Es imperiosa más creatividad, más solidaridad con el prójimo, más participación de las mujeres, en una palabra, más Evangelio.

Monday, May 21, 2018

‘Dios te ama así’, asegura Juan Carlos Cruz que le respondió el papa cuando le habló de su homosexualidad



ROMA — Juan Carlos Cruz, sobreviviente chileno de abuso sexual eclesiástico, dijo que el papa Francisco le expresó en una reunión privada que Dios es quien lo hizo homosexual y que tanto Dios como el papa lo aman sin importar su orientación sexual, una declaración de inclusión que sorprende al provenir del líder de la Iglesia católica.

“Me dijo: ‘Sabes, Juan Carlos, eso no importa'”, aseguró Cruz, una de las víctimas que más ha hablado de los casos de abuso chilenos y quien se reunió con el papa en el Vaticano a principios de mayo. “Dios te hizo así. Dios te ama así. El papa te ama así y debes amarte y no preocuparte de lo que dice la gente”.

El Vaticano no ofreció comentarios sobre estas presuntas declaraciones privadas del pontífice.

Cruz ya había dicho que Francisco les ofreció disculpas a las víctimas durante la reunión, convocada ante el escándalo de abuso sexual vinculado al clérigo chileno Fernando Karadima, pero añadió estos comentarios en una entrevista posterior. Cruz indicó que el papa le habría hecho las declaraciones después de que él le recalcó las dificultades de mantener la fe católica pese a que algunos obispos chilenos habían sugerido que la verdadera razón por la que Cruz dejó la Iglesia fue para tener una “vida de perversión”.

En una entrevista con The New York Times antes de la reunión con el papa, Cruz dijo que un cardenal chileno alguna vez sugirió que el abuso sexual que denunció quizá se debía a que le gustaba la atención por ser homosexual.

En julio de 2013, el papa respondió a preguntas sobre si había un supuesto cabildo gay dentro del Vaticano con las palabras: “¿Quién soy yo para juzgar?”, dichos que sugieren una actitud más abierta hacia las personas homosexuales por parte de la cúpula de la Iglesia católica.

Juan Carlos Cruz en Nueva York, en febrero de 2018, donde ahora vive CreditEduardo Muñoz/Reuters

Sin embargo, funcionarios del Vaticano advirtieron que el acercamiento pastoral del papa no debería interpretarse como un comentario suyo sobre si la homosexualidad es una decisión o un posible cambio en la doctrina eclesiástica.

El catecismo católico establece que las personas con “tendencias homosexuales” “deben ser acogidas con respeto, compasión y delicadeza”, pero también indica que tales presuntas inclinaciones “profundamente arraigadas” son “objetivamente desordenadas” y, como “son contrarias a la ley natural”, sus actos “no pueden recibir aprobación en ningún caso”.

A cinco años de su papado, Francisco ha sido particularmente firmerespecto a su visión de inclusión y misericordia.

El sábado también anunció que el arzobispo salvadoreño Óscar Romero, asesinado en 1980 por un escuadrón militar por homilías y misas en las que repudiaba la opresión del ejército al pueblo, será canonizado en octubre.

El domingo indicó que habrá cambios en el colegio cardenalicio, que deberá elegir a su sucesor, con el nombramiento de catorce nuevos cardenales para junio. Once de ellos tienen menos de 80 años y por tanto podrían votar en el próximo cónclave.

Aunque su respuesta al escándalo de abuso sexual en la Iglesia chilena, que por unos momentos parecía iba a descarrilar todo su papado cuando defendió enfáticamente a uno de los acusados, es lo que ha sido más notable.

Durante un viaje a Chile primero defendió al obispo Juan Barros de denuncias de encubrimiento al sacerdote pederasta Fernando Karadima y dijo que las acusaciones eran calumnias, pero el furor resultante lo llevó a ordenar una investigación oficial. El principal investigador de delitos sexuales del Vaticano, el arzobispo de Malta Charles Scicluna, regresó con un reporte de 2300 páginas mordaz que sugiere que los obispos engañaron al papa sobre sus acciones y que incluso destruyeron evidencia para que el público no se enterara de que simplemente habían transferido a los sacerdotes acusados de una diócesis a otra.

Francisco entonces convocó a todo el obispado chileno al Vaticano para reuniones, durante las cuales les entregó una carta en la que repudió la evidencia de “graves defectos en el modo de gestionar los casos”, y tras la cual los 34 integrantes de la conferencia ofrecieron su renuncia, un hecho inédito. El papa aún no ha aceptado esas renuncias, pero se cree que empezará con la de Barros.

New York Times

No sin mujeres por Isabel Gómez Acebo



Acabo de leer en un periódico que un grupo de intelectuales ha firmado un documento en el que afirma que en toda discusión, reunión o consejo tendría que haber al menos un 40% de mujeres y en el caso de que no hubiera demasiadas expertas en esa materia la cifra se podría rebajar. Este espíritu planea sobre toda la sociedad y en el famoso caso de “la Manada”, un consejo previo de jueces varones se ha visto incrementado por el mismo número de féminas. Los políticos intentan formar gobierno en los que participen mujeres y las presentan para alcaldes y presidentes de comunidades pues saben que conseguirán más votos.
Viene al caso pues cuando veo reuniones eclesiales me irrito. Están formadas por lo que parece un club de varones en semejanza a esos casinos de provincias donde no admitían a las mujeres o a las sociedades gastronómicas vascas donde tampoco pueden participar. Recientemente se han sumado a las cofradías andaluzas que sacan sus profesiones en Semana Santa pero les ha costado conseguirlo muchos esfuerzos. Y eso que Jesús se puso del lado de los subordinados en la sociedad
El otro día acudí a una reunión en la que se hablaba del pasado de una revista y donde se planeaba su futuro y me sorprendió que todos los oradores, más de diez, fueran varones. Había cardenales y obispos en la mesa pero para compensar se debía haber encontrado a mujeres entre los periodistas que se convocaron. Pero lo más negativo del caso fue que a nadie le sorprendió lo que demuestra que las instituciones eclesiales y las que se mueven en su entorno no han entendido por donde se mueven los tiempos actuales. Les falta cintura y se quejan del abandono eclesial.
Mis hijas me preguntan por qué sigo perteneciendo a la Iglesia si soy feminista y les contesto: porque quiero que cambie. Lo malo es que a este paso de tortuga me voy a morir , tengo muchos años, antes de conseguirlo.
Isabel Gómez Acebo
Cajón de Ilusiones
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“Fake Pope”; cuántas noticias falsas sobre Francisco por Andrea Tornielli



El libro de Nello Scavo y Roberto Beretta elenca muchas falsas noticias sobre Bergoglio, que se han vuelto virales en internet y en otros ambientes

Algunas son evidentes montajes, otras son el resultado de incompetencia o de charlatanería, otras han sido sutilmente confeccionadas para lograr ponerle en la boca palabras que nunca ha dicho ni pensado: la galaxia de internet está llena de “falsas noticias” sobre el Papa Francisco, y el Pontífice no es el único blanco de los falsificadores, claramente. Y las hay de todo tipo: desde las festivas hasta las que se ponen al servicio de la mentira. Se ocupa de todo ello el libro “Fake Pope” (ediciones San Pablo, 272 pp.), interesante libro escrito por dos periodistas italianos de relieve: Nello Scavo y Roberto Beretta: el primero es corresponsal en puntos “candentes” del planeta, que llevó a cabo una personal y muy documentada investigación sobre la vida de Bergoglio durante los oscuros años de la dictadura en Argentina; el otro es atento observador de la vida eclesial, capaz de comentarios irónicos y afilados. El resultado es un “cocktail” de ágil lectura, pero con un objetivo valor documental. 


Los autores han reunido 80 de las principales acusaciones contra el Papa, en todo de contra-réplica punto por punto. Las relaciones con las dictaduras de América Latina, la masonería, el Cónclave manipulado, las acusaciones de “herejía”, los nombramientos errados, las relaciones con la Curia, con los medios de comunicación, los escándalos y también las metidas de pata… Distinguir entre mentira y verdad es tarea de quienes creen en el periodismo y en su profesionalidad. 
  
Un apéndice importante (y revelador) del volumen es el que incluye tantas fotografías retocadas y la prueba de los montajes. Está, por ejemplo, la foto en la que se ve el Papa al presentarse desde la logia central de San Pedro después de su elección. En la sombra que el cuerpo del Pontífice proyecta sobre el mármol de la fachada, se ven dos puntas que confieren a la sombra de la cabeza del recién nombrado obispo de Roma un aura diabólica. 

«Más que una foto –explican los autores del libro–, esta es una alegoría. Es tan evidente la intención metafórica (y denigratoria) que la imagen debería transmitir según el autor… Está la sombra del diablo en la elección del Papa Francisco: tan evidente que “se ve”, efectivamente, impresa en la fachada de la Logia de la bendiciones desde la que el neo Pontífice se está asomando. El “retoque” fue simple, como se ve, precisamente, al comparar el original de abajo: basta un pincelazo, surgen los cuernos y se monta el teatrito. Por lo menos para quienes quieren ver al diablo en donde debería haber solamente “agua bendita”». Efectivamente, si se compara la imagen original, se ve claramente que la que muestra esas dos puntas que salen de la sombra de la cabeza es un retoque.

Entre otros ejemplos de retoque de imágenes, está la del primer “selfie” del Papa Francisco, contrabandeada en 2015 y que tuvo miles de “likes” en Instagram, con una cuenta que alude al Vaticano. «La imagen en cuestión –se lee en el libro de Scavo y Beretta– fue tomada de una video-conferencia en la que el Papa participó con algunos jóvenes de diferentes partes del mundo. Cayeron en el jueguito hasta ilustres canales periodísticos oficiales, como la CNN».

Y también circuló en internet una foto en la que Francisco estaría demostrando estar sometido al «poder judío». Se ve al Pontífice besando la mano de algunos ancianos con la “Kippah”, y el título es: «El Papa besa la mano de manera humillante a uno de los jefes del terror masónico-judío». Debajo, con caracteres mayores, se lee: «Si fuera tú, comenzaría a hacerme algunas preguntas». Totalmente cierto, hay que hacerse algunas preguntas, para preguntarse quién falsificó esta imagen calumniosa, puesto que Francisco, durante la visita al museo Yad Vashem, el Memorial de la Shoah, en la gran sala donde arde la llama perenne en recuerdo de los seis millones de hebreos exterminados por los nazis, sí, le besó la mano a algunas personas, con un gesto de respeto, pero esas personas sobrevivieron al Holocausto, unos cuantos que escaparon de los campos de concentración. 

Vatican Insider

Conversando con Pedro Kortmann de la CVX Jóvenes de Santiago



Durante la realización de la Asamblea Nacional de la CVX en Chile, aprovechamos de conversar con el Presidente del Consejo de Servicio de los Jóvenes de Santiago, Pedro Kortmann. Y en ésta, aprovechamos de hablar de la situación actual de la Iglesia Católica, el Sínodo de Jóvenes, la Asamblea Nacional de la CVX y el futuro de la CVX

El laicado no es el vertedero de los criminales de la Iglesia" por Marco Antonio Velásquez

laicado

"NO HAY LUGAR EN EL SACERDOCIO PARA QUIENES DAÑAN A LOS JÓVENES"

"Ofende y se constituye en una forma sutil de abuso de poder contra el laicado"

Ser laico o laica en la Iglesia no es un castigo, es una dignidad maravillosa en la que Dios puso todas las potencialidades de la vida humana

(Marco Antonio Velásquez, Santiago de Chile).- La frase es de Juan Pablo II y constituye la severa respuesta pontificia a la hecatombe que en el año 2002 se registraba en Estados Unidos, con la explosión de casos de pederastia. En ese contexto, Juan Pablo II convocó a un encuentro interdicasterial con los cardenales de Estados Unidos, reuniendo a 24 cardenales y obispos.
Al concluir dicho encuentro, el 23 de abril de 2002, el Papa dirigió un discurso donde manifestó aquella expresión, que ha quedado grabada en la memoria eclesial como una severa advertencia para los abusadores.
La frase literal dice: "La gente debe saber que en el sacerdocio y en la vida religiosa no hay lugar para quienes dañan a los jóvenes".
Dicha sentencia vuelve a tomar especial actualidad, con el reciente encuentro que el Papa Francisco ha tenido con los obispos chilenos, donde la jerarquía episcopal ha sido severamente responsabilizada por su negligente y culposa actuación frente a crímenes intolerables. Ello porque cabe esperar, como ya ha comenzado a ocurrir, que muchísimos más casos comiencen a hacerse públicos, en Chile y en el mundo.
La advertencia que Juan Pablo II hizo a los abusadores, en la actualidad debiera comprometer también a los superiores por su negligente actuación en la protección de las víctimas, como por complicidad y encubrimiento.
Un año antes del encuentro del Papa con los cardenales norteamericanos, la Congregación para la Doctrina de la Fe, presidida entonces por el cardenal Ratzinger, había actualizado los procedimientos canónicos para el tratamiento de estos crímenes. Posteriormente en el año 2010, el Papa Benedicto XVIlos modificó, incorporando otros delitos y ampliando el plazo de prescripción canónica de diez a veinte años.
Los efectos prácticos de esos cambios normativos derivan en lo que el Código de Derecho Canónico tipifica como la pena más severa que puede afectar a un abusador, cual es la "pérdida del estado clerical". Al respecto, el anterior Código de Derecho Canónico (modificado en 1983) definía dicha sanción como "reducción al estado laical".
Cuando Juan Pablo II enunció aquella advertencia, que no hay lugar en el clero para los abusadores, tenía presente aquella sentencia canónica de la "reducción al estado laical". Dicha frase nunca ha sido cuestionada y ha sido asumida como una tautología irrefutable.

Sin embargo, éste es el momento oportuno para expresar, con gravedad, que esa frase contiene un error eclesiológico profundo. Sí, porque lo que la Iglesia establece con ello, es que la inmundicia que genera tal sanción dentro del clero, debe ser castigada con el ejercicio de la vida laical para quien lo realiza.
Entonces es urgente recordar hoy, al Papa Francisco, que el laicado no es el vertedero de los criminales de la Iglesia.
En la práctica hay que proscribir de la documentación y del lenguaje eclesial esa frase, que se repite con demasiada insitencia, porque la misma es una expresión colegiada de la jerarquía, que ofende y que se constituye en una forma sutil de abuso de poder contra el laicado.
Ser laico o laica en la Iglesia no es un castigo, es una dignidad maravillosaen la que Dios puso todas las potencialidades de la vida humana, con el anhelo de su plena realización. La inmundicia de la Iglesia no es patrimonio del laicado, afortunadamente porque al ser marginados de las decisiones de la Iglesia, el laicado ha salido indemne de esa culpa.
Sin embargo, es oportuno recordar la historia de la sucesión apostólica, donde uno de los doce, ungido por Jesucristo como apóstol (hoy sería obispo), faltó gravemente a la confianza del Maestro, vendiéndolo por treinta monedas de plata.
Desde ahora, es indudable que la alta jerarquía tiene un nuevo problema a resolver, porque de esto se derivan responsabilidades insitucionales, fundamentales e ineludibles, con ese clero que ha corrompido su vocación sacerdotal y religiosa.
Mientras tanto, el laicado seguirá ejerciendo su vocación, desde ese servicio silencioso, fecundo y permanente, en los más variados ámbitos de la vida humana.


RD

El regreso de los pastores.por José Agustín Cabré Ruffat, claretiano

acabre

No sé si el papa Francisco sabe jugar al tute, ese juego español de naipes. Parece que sí, porque le ha “cantado las cuarenta” a los obispos chilenos a quienes citó en el Vaticano.
Regresan ahora los prelados con una sonrisa un tanto forzada y bastante mohínos por dentro.
En Roma  todos dejaron presentada su renuncia al cargo que ostentan y han quedado todos bailando en la cuerda floja. Es de esperar que Francisco haga una buena selección, deje a un cuarteto de ellos en funciones, y envíe para sus casas a los otros que no son un aporte para servir a una iglesia samaritana


El pueblo católico está tomando conciencia de su protagonismo y ya nada será como antes. Hasta ahora los obispos han sido impuestos a las comunidades que los reciben pasivamente. Esos nombramientos pueden despertar curiosidad, a veces simpatía, las más de las veces indiferencia. Parece llegado el tiempo de término para esas designaciones unilaterales impuestas desde arriba sin consulta a los que serán beneficiados o perjudicados con ella.
De ahora en adelante, se espera que el sistema cambie. Las comunidades tienen mucho que decir en el nombramiento de sus pastores.
Porque de eso se trata: la palabra pastor se aplica a quien cuida, quien conduce, quien protege, quien defiende, al rebaño (según la imagen pastoril tradicional (un tanto pasada de moda).
Las comunidades tienen el derecho de opinar y también de elegir, ya que son ellas las que gozarán o sufrirán a sus pastores. Y entre los pastores hay de todo. No se puede olvidar que en el lenguaje celta la palabra pastor se dice "bakkallakos", que en el lenguaje castellano es tan parecido a "bellaco"
¡A estar atentos, entonces!

El Catalejo de Pepe
RD

Sunday, May 20, 2018

ESE PADRE TIENE QUE MORIR por Pedro Pablo Achondo ss.cc.



Lo que ha llegado a su fin es una «forma». Y creo que en particular una forma masculina de ser y de ejercer el poder; una forma masculina de ver la vida, las relaciones y el mundo. Las manifestaciones feministas, las marchas contra abusos y expresiones de acoso; la llamada a terreno del papa Francisco a los obispos chilenos, la intolerancia hacia formas masculinas de hacer política y ejercer el poder económico son muestras de que ese padre tiene que morir.


Esa «forma» masculina está en todas partes pues ha sido ella la que ha construido el mundo. Dicha forma vinculada y cimentada en una jerarquía fuerte, un autoritarismo o un ejercicio de la autoridad en donde la fuerza física prima (Lo que tiene su manifestación virtual en el dinero), una posición familiar y social definida, tareas asignadas y permisividades autoadjudicadas. Todo ello no da para más. La sociedad civil en su lucidez lo grita y exige. Es evidente que la defensa institucional (masculina) hará lo suyo y como lo han demostrado los últimos tiempos nada está ganado ni asegurado, ni con marchas ni con leyes. La transformación de ese padre debe ser interior, cultural y mental. Ese padre está en todo, en el deporte y sus dirigentes, en la Iglesia y sus curas, en la política y sus representantes, en el mundo intelectual y sus exponentes, en la música de moda y sus reguetones sexistas. Nos tienen rodeados. Sin embargo, esa «forma» no tiene relación sólo con el ser varón. Ese padre y su figura permea modelos femeninos y masculinos. El padre moribundo nos ha hecho ver el mundo de manera dualista, bifocal, pues él así se creó. Se formó y estableció viendo las cosas y construyéndolas desde una matriz dual: bien y mal, dentro y fuera, macho y hembra, Estado y pueblo, jefes y trabajadores, dueños y empleados, ricos y pobres… hay mucho que repensar y reformular. Lo que da que pensar es que el funeral del padre está a la vuelta de la esquina y no nos hemos detenido a ver las luces y pequeños (o grandes y sorprendentes) brotes de aquella nueva manera o, para ser exactos, nuevas maneras. Porque el error sería que el péndulo nos llevará a la forma contraria, algo así como la otra cara de la misma moneda, cuando lo que necesitamos -como personas, familias, sociedades e instituciones- son otras «monedas». No deja de ser impresentable que el padre machista, patriarcalista, autoritario, intocable, incontestable y violento siga tan presente en nuestras relaciones interpersonales. No sólo es bueno que ese padre muera, sino que es necesario y urgente, pues mientras siga vivo y fuerte los y las frágiles seguirán sufriendo: niños/as, ancianos/as, la tierra, las minorías, enfermos/as y los pueblos-nación indígenas.



Reflexiones Itinerantes
ss.cc. Chile

UNA IGLESIA EN CRISIS por Alex Vigueras ss.cc.


“A Juan Carlos Cruz, a James Hamilton, a José Andrés Murillo: gracias, gracias, gracias. Infinitas gracias por no haber desistido.
A los laicos de Osorno: gracias, gracias, gracias. Porque todas las penurias valieron la pena. Qué sencillos y qué dignos se veían entrando de nuevo en la catedral de Osorno. Cuánto frío habrán sentido esas paredes en estos años, cuánta la soledad de esas columnas en este largo invierno. Cuán sangrantes las heridas del Crucificado. Pero ustedes han sido esperanza, semillas de esa Iglesia que ya está naciendo”.
Diego de Almagro, 27 de abril de 2018
El primer paso para salir de una crisis es reconocer la crisis y enfrentarla. Eso que parece tan obvio ha sido lo más difícil en la crisis actual de la Iglesia chilena, de modo particular lo ha sido para los obispos chilenos.
Escudados en que todo lo que se dice contra la Iglesia es una campaña contra movida por masones, izquierdistas y editores de prensa, los obispos no han tocado fondo. Es por eso que el perdón que se lee no pareciera corresponder a la verdad de lo que se siente. Es muy distinto al arrepentimiento que ha mostrado el Papa y a su pedido de perdón sincero. Las declaraciones que han hecho algunos obispos en sus diócesis, luego de su arribo a Chile, siguen en la línea de ese extraño arte de hablar sin decir nada.
Quisiera ahondar en algunos de los problemas que visualizo. Tomaré como punto de referencia la reciente visita del Papa, pues creo que, a través de ella se evidenciaron algunos de esos problemas.
1. Miedo al conflicto y al disenso
La visita del Papa a Chile estuvo marcada por la censura. No se dejó hablar a la gente para que expresara su visión del país y de la iglesia. En general, los interlocutores fueron los propios obispos. En Maipú habló un joven en términos políticamente correctos (para dejar a todos contentos). Y en la cárcel habló Nelly y Janeth, porque ahí la comisión no pudo intervenir. Incluso Janeth escondió el discurso que finalmente leyó (le hizo algunas modificaciones a la versión enviada a Roma). Esto lo contó la propia Nelly en la asamblea de superiores mayores de CONFERRE. La gran excusa fue la falta de tiempo para organizar la visita, pero eso suena más a excusa que a causa real.
En la visita de Juan Pablo II, en plena dictadura, los obispos ayudaron para que apareciera la verdad. Con Francisco y en plena democracia, la comisión de la visita impidió que apareciera la verdad.
Creo que esto refleja una actitud bastante extendida entre los obispos: el miedo al disenso y la crítica. Se ve el disenso como una falta a la comunión y no como un factor relevante para una comunión en la diversidad. Una comunión que más que entenderla con llevarnos bien, estar en armonía, hay que verla como cum-munus, es decir, poner en común el don recibido.
Se espera que los conflictos se manejen en privado, que no aparezcan. Peor todavía, se espera que los conflictos se resuelvan solos. Cuando ocurrió lo de Barros quedó la impresión que se esperaba simplemente que pasara el tiempo para que todo se solucionara. Cuando se supo que el Papa vendría, teniendo conciencia que la situación de Osorno podría ser un problema, la gestión que se hizo fue pedirle al propio Barros que conversara con los laicos de Osorno. Conversó y le fue muy mal, pues los laicos le insistieron en que tenía que renunciar. Pareciera que el conflicto no se gestiona. Y si se hace algo tiene que ser en secreto, que nadie se dé cuenta. Se espera que la crítica se manifieste solo en privado.
Pareciera haber una falta de parresía (hablar con franqueza, hablar libremente) para expresarse, sobre todo cuando se piensa distinto. Algunas personas que han estado en asambleas plenarias de los obispos han quedado sorprendidos con la falta de opinión, la falta de discusión. Los obispos tienden a quedarse callados y son pocos lo que hablan y llevan la batuta. Obispos jóvenes que prometían, han ido entrando en el mismo formato. Pareciera que hay temas que no se tocan, temas sobre los cuales no se puede discutir. Al parecer, con la ilusión de que, al no hablar de ellos, probablemente desaparecerán.
En la misma línea del miedo al conflicto, da la impresión que se mal entiende la colegialidad. Pareciera que lo que prima es que no puedo meterme a fondo en la vida de otro obispo. No puedo corregirlo, no puedo cuestionar sus criterios pastorales o su visión de Iglesia. Nadie entiende cómo no hubo alguien que le dijera a Barros que no apareciera tanto con el Papa. Eso lleva a que en el mismo país existan experiencias eclesiales tan dispares como pueden ser Aysén y Los Ángeles (o Villarrica o San Bernardo).
2. Decisiones autoritarias sin consultar a la gente
En la visita del Papa a la cárcel se había programado la asistencia de 100 agentes pastorales de la pastoral carcelaria de Chile. A última hora las bajaron. Se le preguntó a la comisión qué había pasado y dijeron que fue una orden de Roma. Preguntaron en Roma y dijeron que había sido una decisión de la comisión en Chile. Es muy molesto que no se enfrente la verdad y que no se consulte a la gente afectada antes de tomar decisiones.
La gente que trabaja en las parroquias populares se sintió ignorada en la visita del papa. No fueron consultados, no fueron integrados. Salvo el gesto de la visita a la tumba de Monseñor Enrique Alvear.
Se fueron tomando un montón de decisiones que a la vista de todos eran “errores no forzados”: lejanía de los lugares de encuentro con el Papa, necesidad de tener tiques, complicadas horas de llegada, las muchas cosas que no se podían llevar. Un hermano ss.cc. de Ecuador me contó que algunos delegados de la comisión chilena se entrevistaron con la comisión que había preparado la visita en Ecuador. Me dijo que no los escucharon, que les habían advertido de algunos criterios errados, pero la comisión no les hizo caso. Y se equivocaron.
3. Se mira y se siente desde la élite
Tengo la impresión de que esa “sicología de élite” de la que habló el Papa en su carta es muy real. En el caso de la visita del Papa se pensó todo desde ahí y, por ello se dejó fuera a la Iglesia de los pobres, o no se pensó en la gente de edad que quería participar de los eventos masivos.
Desde la sicología de élite se piensa que la verdad está solo de mi lado y eso lleva a no escuchar al otro, incluso, a no interesarse por el otro. Desde la sicología de élite es difícil criticar a los que ostentan el poder social, político y económico. No solo porque puedo perder beneficios, sino porque ese poder está en manos de mis amigos de infancia, mis tíos, mis familiares, mis vecinos.
Creo ver esto, también, en las actitudes de los obispos en las zonas del conflicto mapuche, pues da la impresión de que no comprenden el trasfondo del problema. Parece que tienen una mirada más cercana al empresariado que al pueblo mapuche. La reunión que se organizó con el Papa fue un saludo a la bandera: algunos representantes del pueblo mapuche junto a empresarios de la zona. Se juega al empate, un empate que paraliza. La pastoral mapuche está devastada y el pueblo mapuche cada vez más lejos de la Iglesia. Las quemas de iglesias católicas comenzaron cuando se dio la orden de desalojar el seminario San Fidel. Las mesas de diálogo no han incluido a los verdaderos representantes del pueblo mapuche (los alcaldes mapuche se automarginaron, y pareciera que eso a nadie le importó). El signo de la Machi Linconao arrinconada, sin poder entregar su carta al Papa fue un insulto al pueblo mapuche y a tantos que adherimos a su causa. Son signos que hablan más fuerte de lo que se cree, signos que no fueron leídos adecuadamente.
Queda la sensación de que la mayoría de los obispos pertenecen a la élite, sintonizan con esa élite, y miran las cosas desde ese lugar y comparten las mismas cegueras.
4. Una conferencia episcopal que parece no entender el mundo de hoy
Una y otra vez pareciera que lo más importante es la coherencia doctrinal y no el intento por comprender las nuevas realidades del mundo. Cuando se descalifica todo lo que viene de la comunidad LGBTI como “ideología de género”, se le da una tremenda bofetada a tanta gente que de verdad sufre y que en algunos casos llegan al suicidio, porque no se sienten incluidos. Queda la sensación de una distancia sideral con toda esa realidad, con todas esas personas. Cuando Daniela, protagonista de “Una mujer fantástica” le dice a Ezzati: “Ven a hablar conmigo, ¿te atreves?” Ezzati debería haber ido a verla y, seguramente, habría salido distinto de ese encuentro. Parece que no nos atrevemos a esos encuentros con mundos que no entendemos. ¿Nos dan miedo? ¿No nos interesan? ¿No están en esos mundos los predilectos que el Señor nos encargó de modo especial?
Lo mismo parece ocurrir con los medios de comunicación. Se le sigue viendo como los causantes de todos los males. De hecho, luego después de la visita se culpaba a los editores de prensa de la mala imagen que quedó del paso del Papa por Chile. No se ha entendido que el límite entre lo privado y lo público casi ha desaparecido. Se piden acciones solo privadas para conflictos públicos. Se quiere resolver solo en privado lo que ha sido debatido públicamente.
No se logra entender la manera como el hombre y la mujer de hoy viven la sexualidad. Y nos hemos quedado en que está prohibido el condón y los métodos anticonceptivos. Eso a la gente ya le causa bastante risa, y va haciendo que nuestra opinión en esos temas simplemente sea irrelevante.
No se entiende bien el proceso emancipatorio de la mujer y no se percibe la urgencia de un rol más protagónico AHORA, también en el nivel de las decisiones. Y ahí nos quedamos pegados con que el sacerdocio es solo para los hombres y no se percibe el tremendo dinamismo que podría significar el integrar a la mujer en el nivel ministerial de la Iglesia. Un par de veces ocurrió que religiosas de Conferre que habían sido invitadas a la asamblea plenaria, cuando se dirigían a comulgar en la misma fila que los obispos, fueron sacadas (por un obispo) de esa fila u obligadas a ponerse en el último lugar (detrás de los curas). Después de eso no quisieron ir más porque se sintieron humilladas. Y peor: ¿por qué nadie las defendió? ¿Por qué nadie discrepó con ese criterio? Se reaccionó como en tantas cosas: guardando silencio…
5. Una conferencia episcopal que no fomenta el verdadero protagonismo laical
Algunas personas que forman parte de los bailes religiosos me comentaban que le habían insistido a su obispo en la necesidad de formación para sus integrantes. Y este les habría dicho: “Con que sepan rezar el padrenuestro y el avemaría ya está bien”. La formación laical no está en primer lugar y se sigue fomentando una participación devocional. A lo más aceptamos y fomentamos la participación laical, pero no el protagonismo. Da la impresión de que nos asustamos con laicos bien formados, porque pueden amenazar el poder del cura. En el fondo no logramos superar un paradigma bastante clericalista, y esto es transversal en la Iglesia.
Nos asusta un laico maduro que sea capaz de discernir, porque el discernimiento los puede llevar por otros caminos, no tan ortodoxos. Pareciera que de lo que se trata en la vida del cristiano es, simplemente, aplicar los principios generales de la moral cristiana. Pero con esta actitud no se toma en cuenta la tremenda originalidad de cada persona y de cada contexto. La única manera de vivir esos principios generales, que la iglesia tiene bien claros, es a través del discernimiento personal (y también comunitario). Por eso hay gente que piensa que la Iglesia infantiliza, que los curas los tratamos como niños. Nos asusta la posibilidad de una opinión pública en la Iglesia (ya lo planteaba Rahner en el posconcilio).
Creo que un problema de fondo en nuestra conferencia episcopal es una confrontación entre la eclesiología de Karadima y la del Vaticano II (que es la que ha marcado el pontificado de Francisco). Esa contraposición ha sido paralizante. Hay que tomar en serio ese llamado insistente de Francisco a “ser pueblo”, “hacerse pueblo”. Hoy significa acercarse físicamente al pueblo (¿vivir con ellos?), escucharlos horas y horas y horas, mirar el país desde allí, con sus ojos.
Cuando participé en la II asamblea eclesial nacional -en junio del 2013- me gustó mucho eso de sentarnos en una mesa redonda laicos, sacerdotes, diáconos y obispos. Hombres y mujeres. Y pensé: así debería ser la iglesia. Así debería ser en todas sus instancias. Asegurando un espacio en el cual nos podamos encontrar como hermanos, como iguales. Un espacio en el que podamos opinar como iguales, corregirnos como iguales, apoyarnos como iguales. Hay que terminar con esas instancias solo de curas o solo de obispos (que son normalmente donde se toman las decisiones), donde los demás están excluidos. Eso nos aleja de la realidad. Nos hace pensar que es realidad lo que no es.
¿No es pensable que todo obispo pertenezca a una comunidad cristiana (una ccb)? En la que haya curas, laicos, gente ABC1 y gente sencilla. Comunidades plurales en las que se sientan uno más. Ahí podrá sacarse sus ropajes, ponerse pantuflas, reírse, echar la talla, comentar cómo está, llorar, patalear, consolar a otros, acompañar y dejarse acompañar. Allí podría vivir esa maravillosa experiencia de ser simplemente humano.
Todavía no hay un impulso decidido en la iglesia chilena a las comunidades cristianas de base (ccbs). Hay obispos y sacerdotes que les tienen miedo porque las perciben como una manera de ser iglesia excesivamente autónoma, que se escapa del ámbito de la parroquia y, por tanto del ámbito de su control. Aquí en Diego de Almagro hemos conocido personas ancianas que han vivido por más de treinta años en ccbs, y hemos constatado cómo eso las ha hecho crecer, madurar como cristianas; hemos visto cómo les ha ayudado a asumir un compromiso eclesial y, sobre todo, cómo les ha permitido seguir siendo Iglesia en los momentos de crisis parroquial. Como decía Rahner, la iglesia del futuro tendrá que ser la iglesia de las pequeñas comunidades.
6. Una mirada a 5 años y no a 50
Se percibe una conferencia episcopal muy centrada en los problemas inmediatos y desinteresada por los problemas de la iglesia del futuro. Tenemos que ocuparnos hoy de la iglesia del futuro. Y se sigue pensando que la salvación nos vendrá de una revitalizada pastoral vocacional, por la cual volveremos a ser muchos curas. Eso ya pasó. Hay que ponerse a pensar el sacerdocio femenino, en un sacerdocio sin celibato, en el laico que -gracias a un mandato temporal del obispo- tenga la facultad de celebrar la eucaristía. En teoría decimos que la Eucaristía es la fuente y cumbre de la iglesia, pero no estamos poniendo las bases reales para que ello sea posible en el futuro (ni ahora).
7. Una iglesia que no se ha puesto en el lugar de las víctimas
Tengo la impresión de que no hemos logrado ponernos del lado de las víctimas. Ellas son más bien molestas, incómodas. Preferiríamos no verlas. No escucharlas. Son muy pocas las víctimas que han quedado satisfechas con las resoluciones que la iglesia ha tomado con sus victimarios. La pena que se le dio a un sacerdote de rezar una vez al mes en un santuario por su víctima es ofensiva. No hay proporción entre las sanciones y el daño causado (el daño tal como lo vive la víctima y no solo el daño “objetivo”).
Hay que tomar conciencia de que el ponerse del lado de las víctimas tiene unas consecuencias enormes que hay que estar dispuestos a asumir: romper lazos de amistad, división en las comunidades religiosas, estar contra nuestros hermanos a la hora del juicio, etc. La tolerancia cero es un desafío nada fácil. Pero es el desafío que esta hora nos exige.
Ha sido escandaloso cómo las víctimas de Karadima han aparecido como enemigos de la Iglesia. Da la impresión de que esperamos de ellos palabras adecuadas, políticamente correctas, respetuosas y olvidamos que hablan desde el dolor, pues, muchas veces, los abusos han quebrado sus vidas; han provocado un daño irreparable. Como decía, la gravedad del abuso tendríamos que medirla más por el dolor causado que por la acción cometida. Ahí queda más claro que es imprescriptible.
Finalmente, retomo la visita del Papa. Es paradójico que habiendo censurado la visita con el fin de evitar que el Papa conociera la verdad de lo que vivimos, igual no más quedamos en evidencia. Gracias a esta visita con sabor a fracaso es que llegó Scicluna y el Papa se dio cuenta de que estaba equivocado, y quiso recibir a las víctimas de Karadima para pedirles perdón y consejo. Y ahora estamos con todos los obispos renunciados, como un terremoto que todo destruye, pero que nos da la posibilidad de comenzar de nuevo, como dice Aparecida: “A todos en la Iglesia se nos invita a recomenzar a partir de Cristo” (núm. 12). Así de fascinante es el Espíritu cuando arremete.
A Juan Carlos Cruz, a James Hamilton, a José Murillo: gracias, gracias, gracias. Infinitas gracias por no haber desistido.
A los laicos de Osorno: gracias, gracias, gracias. Porque todas las penurias valieron la pena. Qué sencillos y qué dignos se veían entrando de nuevo en la catedral de Osorno. Cuánto frío habrán sentido esas paredes en estos años, cuánta la soledad de esas columnas en este largo invierno. Cuán sangrantes las heridas del Crucificado. Pero ustedes han sido esperanza, semillas de esa Iglesia que ya está naciendo.
ss.cc. Chile

Hace un rato atrás, Percival Cowley en Mesa Central TV de Canal 13. Ver video y/o escuchar podcast

Ex capellán de La Moneda sobre Karadima: Está enfermo, absolutamente enfermo


El sacerdote Percival Cowley, ex capellán de La Moneda, conversó con Mesa Central y abordó la semana más agitada de la iglesia chilena, en la que 31 obispos presentaron su cargo a disposición al Papa Francisco, tras reunirse con este por las denuncias de abusos sexuales al interior del clero.

Sobre las medidas que el Papa debe tomar tras acoger la renuncia, Cowley señaló que “las medidas a corto plazo deben ser la salida de los tres obispos que vienen de El Bosque y el arzobispo de Santiago”.
Y, en relación a acoger las renuncias, señala que “el mismo Papa señaló el camino de las cosas, si invita primero a los tres mosqueteros (denunciantes del Caso Karadima) antes que los obispos, dice que hay que partir siempre de las víctimas”.
Además, apunta que “debe llevarse el nuncio y, quizás, enviárselo al sacerdote catalán (Jordi Bertomeu, acompañante del monseñor Charles Scicluna en la toma declaraciones de las víctimas de Karadima)”.
Cowley, quien es indicado como el cura que se enfrentó al cardenal Francisco Javier Errázuriz y quien defendió desde el inicio a las víctimas de Karadima, añadió que, en relación al caso, “ya no se puede hacer nada más, porque está enfermo. Absolutamente enfermo”.
Por otra parte, señaló que “los curas estamos muy escasos en el mercado y no damos abasto” y añadió que “el nombramiento de nuevos obispos no es una cosa simple”.
Según él, producto de que debe existir un cuidado especial para que no se repitan denuncias de abusos sexuales en la iglesia. “La adaptación de la iglesia a los cambios de cultura no son fáciles”, añade.
Y apunta que “yo tengo la esperanza puesta en este Papa en relación con América Latina y, especialmente, Chile. El problema no está en que sucedan estas cosas, el problema está en que se posterguen, que no se enfrenten”.

Sobre su enfrentamiento con el cardenal Errázuriz

El ex capellán de La Moneda relató que, hace años, recibió un llamado de James Hamilton, uno de los denunciantes del Caso Karadima, y lo escuchó. Tras esto, añade, le creyó absolutamente todo en torno a los vejámenes llevados a cabo por Fernando Karadima.
Junto con eso, comenta que “esto era tan raro, que no podía ser sino verdadero”. Y, ante lo mismo, solicitó una audiencia, la cual no fue acogida.
En relación al “choque” que tuvo con el cardenal Francisco Javier Errázuriz, comentó que “de hecho no hubo enfrentamiento. No fui recibido” y, además, apunta que la última vez que estuvo con él fue en un funeral.
Fue ahí donde le pregunté sobre las audiencias y me trató de mentiroso”, revela.
Por otro lado, señala que el secretario del cardenal le preguntó sobre qué era el tema, a lo que Cowley respondió que trataba de algo grave y urgente. Sin embargo, solo quedó en eso.
Puedes ver la conversación aquí y/o escuchar el podcast, aquí
Canal 13/t13 radio