Friday, March 28, 2008

¿Libertad de expresión en la Iglesia? Sí, pero...


¿Hay libertad de expresión en la Iglesia? ¿Disentir es sembrar el error? ¿Muchos católicos están de facto fuera de la comunión de la Iglesia? Éstas son las preguntas que se hace la revista 21 en su número de abril y que concluye con la misma afirmación que da título al reportaje: “Libertad de expresión sí, pero…”.
“Hay quien se plantea si la libertad de expresión, sin que ello signifique poner en duda la verdad del Evangelio de Jesús, es uno de los principales valores de la Iglesia”. A partir de esta premisa, el periodista José Ignacio Igartua lanza, para el número de abril de la revista 21, tres preguntas sobre la libertad de expresión en el seno de la Iglesia a diversas voces autorizadas. Con desigual forma en la respuesta pero con un fondo común: sí hay libertad de expresión en el ámbito eclesial aunque se ejerce de manera desigual y ha de ser “cautelosa” para no provocar recelos.
El dominico Quintín García manifiesta que “hay libertad para algunos: los que se mueven en la línea oficial”, pero que no ocurre lo mismo con los que “manifiestan pensamientos críticos con la institución eclesiástica”, que reciben condenas, descalificaciones, presiones o censuras. En el mismo sentido, Marciano Vidal, teólogo, afirma que “como ‘tiene’ que haberla, estoy seguro de que la ‘hay’. Otra cosa es el grado y la forma.

En cuanto al grado, no estamos en el mejor momento. Sobre todo, si la libertad de expresión se concreta en el ámbito de la reflexión teológica”. Algo parecido opina el teólogo y profesor de Sagrada Escritura Rafael Aguirre: “En la Iglesia prospera el pensamiento repetitivo, la fidelidad se equipara como repetición de lo recibido, se desconfía y no se acompaña a quienes pretenden echar puentes con la cultura contemporánea y hacer relevante el evangelio en el ágora pública”.
Entre las causas a las que achacar esta situación, la diversidad impera: para la teóloga Lucía Ramón, “tenemos un problema estructural y es que faltan cauces y espacios de diálogo”; para Fernando Vidal, profesor de Sociología de la Universidad Comillas, lo que ocurre es que “en muchos responsables episcopales hay miedo a la ‘irresponsabilidad’ de expresión”, con un claro temor a que la autoridad del Magisterio sea deslegitimada.

Rafael Aguirre y Javier Elzo, catedrático de Sociología, por su parte, opinan que la libertad es percibida con miedo por la jerarquía de la Iglesia y por ello, más implícita que explícitamente, la rechazan. “Hay quienes temen la formación del pueblo sencillo porque se haría más difícil el ejercicio de un poder absoluto, que se ejerce sin espacio para la crítica y para el diálogo libre”, afirma Aguirre.

“Ciertamente no pocos católicos nos expresamos, con libertad, en el interior de la Iglesia, sea en círculos próximos, sea en determinados medios de comunicación, inequívocamente eclesiales. Pero no es menos cierto que en los aledaños de gran parte de la Jerarquía española circulan vientos de miedo a la libertad y a la verdad. Por ejemplo, miedo a conocer la verdad de la realidad sociológica de la religiosidad de los españoles”, continúa Elzo.

En lo que casi todos se muestran de acuerdo, sin embargo, es en la unidad en la comunión eclesial: “¡Muy gordo tiene que ser algo para que nos separe de la comunión eclesial! Otra cosica es situarse de vez en cuando fuera de la ‘unanimidad eclesiástica’, porque además ahí corre más aire”, afirma la teóloga Dolores Aleixandre. Sin embargo, para Javier Elzo, “no es lo ideal, pero si el 77% de los españoles se dicen católicos y no llega al 20% los que dicen que la Iglesia Católica responde a sus necesidades morales y espirituales, ¿qué solución les queda?”.
El consenso sí que es efectivo, finalmente, a la hora de valorar el extraordinario valor de las críticas: “El disentimiento es un camino que puede hacer crecer a la Iglesia”, concluye Lucía Ramón.
El Periodista Digital

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