Wednesday, February 27, 2013

Benedicto XVI: “No abandono la Cruz"



La útlima audiencia pública del Papa. Confianza en la Iglesia viva

ALESSANDRO SPECIALECIUDAD DEL VATICANO


“No abandono la Cruz”; en su última audiencia pública como Papa, en una plaza San Pedro llena de cardenales y de fieles, el Papa Benedicto XVI trató de explicar nuevamente la razón de su renuncia sin precedentes. Un gesto cuya “gravedad” y “novedad” se dijo bien consciente, pero, dijo ante 150 mil personas srgún la Sala de Prensa Vaticana, llevado a cabo con “profunda serenidad de ánimo” y con una “gran confianza en la Iglesia”.Es la primera vez que Benedicto XVI volvió a hablar tan ampliamente sobre los motivos que lo llevaron a tomar su decisión. Con su catequesis, respondió de forma indirecta a las dudas que se han cernido sobre la Iglesia durante las últimas semanas.

El Pontífice recordó dos veces el día de su elección, el 19 de abril de 2005, para repetir que el compromiso que asumió entonces era (y sigue siendo) “para siempre”. No puede haber privacidad para un Papa, no se puede pensar en la esfera de lo privado, en una vida de viajes, “encuentros, recepciones, conferencias, etc.”.Con la renuncia, explicó Ratzinger, “no abandono la Cruz, sino permanezco de un modo nuevo en Cristo Nuestro Señor”.

Si Benedicto XVI ya no gobernará la Iglesia, permanecerá en servicio a través de la oración, “por decir así, en el recinto de San Pedro”. A la luz de estas palabras, se hace más claro el significado de la decisión, anunciada ayer, de querer asumir la dignidad de “Papa emérito” tras la renuncia, y de seguir vistiendo de blanco como los Pontífices.


Renunciar no fue una decisión fácil, admitió el Pontífice, pero “amar a la iglesia también significa tener el valor de tomar decisiones difíciles, sufridas, teniendo siempre en cuenta el bien de la Iglesia y no a nosotros mismos”.


Ante las dificultades personales o colectivas, el Papa quiso llamar la atención sobre la confianza en este que fu esu último discurso público: “Hoy, mi corazón está lleno de agradecimiento a Dios, porque nunca ha hecho faltar a toda la Iglesia y también a mí su consuelo, su luz, su amor”. “Veo a la iglesia viva”, añadió improvisando al comienzo de su discurso y al ver la Plaza llena de fieles que le interrumpían con sus aplausos.

Al final, Benedicto XVI quiso agradecer a todos: a los cardenales antes que nada, empezando por su Secretario de Estado, Tarcisio Bertone, que lo acompañó “con fidelidad en estos años”, a los diferentes miembros de la Iglesia, a los diplomáticos acreditados ante la Santa Sede y a “todos los que trabajan por una buena comunicación”, a pesar de las relaciones no siempre sencillas con los medios de comunicación.

Vatican Insider

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