Sunday, February 24, 2013

El hombre que llevó la Biblia a la Luna



Reverendo y científico El reverendo John Stout en Cabo Cañaveral en 1964. 
Stout trabajó para la NASA como científico

Hace cuatro décadas, un reverendo de la NASA 
trazó en secreto un plan para llevar la primera biblia 
a la Luna a bordo del ‘Apolo 14′. Hoy la polémica 
venta de aquellos libros sagrados ha llegado a los 
tribunales de EEUU.

El martes 5 de febrero de 1971, a las 10:18 de la mañana hora
 peninsular española, aterrizaba con éxito la tercera misión 
humana a la Luna. Mientras los astronautas Alan Shepard 
y Edgar Mitchell daban sus primeros pasos en la formación 
Fra Mauro, un reverendo y científico de la NASA llamado 
John Stout vio cumplida la misión que llevaba años planeando 
sigilosamente: llevar la Biblia a la Luna. Aquel martes pasó 
a ser, sin que la mayoría del mundo lo supiera, el día en el 
que la primera copia del libro sagrado de los cristianos 
dejó la Tierra para posarse en un punto del espacio exterior.

El Apolo 14, la misión de Mitchell, Shepard y Stuart Roosa, 
llevaba en sus entrañas cientos de biblias en miniatura. Se 
trataba de un cargamento extraoficial que, una vez de vuelta 
en la Tierra, se convirtió en objeto de culto. Personalidades 
comoGeorge Bush padre y Richard Nixon recibieron biblias 
lunares, así como muchos trabajadores de la NASA que 
formaban parte de un grupo cristiano llamado la Liga de 
Oración del Apolo. Pasados los años, el recuerdo de aquella 
misión religiosa casi se ha borrado, pero las diminutas biblias
 siguen valiendo miles de veces su peso en oro. Más de 
cuarenta años después, la venta de aquellas biblias ha 
acabado en los tribunales de EEUU en uno de los casos más
 rocambolescos de la historia de los souvenirs espaciales.




Un biblia en la yema del dedo

Todo comenzó en enero de 1967. En un trágico accidente,
los tres tripulantes del Apolo Imurieron achicharrados en un
incendio mientras preparaban su viaje a la Luna. Entre ellos
estaba Edward White, un ingeniero del Ejército del Aire que
había realizado la primera caminata espacial de EEUU. En
una entrevista, White le dijo a un reportero que soñaba con
poder llevar la Biblia a la Luna algún día. Sus palabras se
convirtieron en una orden para el reverendo John Stout. Stout
era un hombre de ciencia profundamente religioso que trabajó
para la NASA en Cabo Cañaveral durante los programas
Gemini y Apolo después de ser ordenado.
La misión para llevar la Biblia a la Luna se llevó a cabo
envuelta en secreto. Las manifestaciones cristianas en el
espacio se habían convertido en asunto delicado para el
Gobierno de EEUU. En 1968 los tripulantes del Apolo 8
habían leído fragmentos delGénesis durante una conexión
con la Tierra para celebrar la Navidad. La liga de Ateos
Americanos denunció a la NASA por aquella ceremonia
improvisada porque a su entender vulneraba la separación
entre iglesia y Estado. La agencia espacial prefirió mantener
un perfil bajo desde entonces. Dejó que los astronautas
siguieran haciendo pequeños ritos religiosos, commo una
comunión improvisada 
durante la primera misión que llegó
a la Luna, a bordo del Apolo 11, pero no las retransmitió en
directo. Es de suponer que los responsables de la agencia
no querían ni oír hablar de llevar una biblia a la Luna ni mucho
menos contarlo al mundo entero.
Luego estaba el problema del tamaño. La Biblia del Rey
Jacobo era un tocho de más de 1.200 páginas y 773.746
palabras. Era imposible llevar siquiera unas pocas. Por eso
las biblias que llegaron a la Luna podían sostenerse en la
yema de un dedo. Eran pequeños cuadrados que llevaban
las páginas de la biblia microfilmadas que Stout haía
encargado a una empresa especializada. Para leer el
Génesis o cualquier otro libro, hacía falta una lente de aumento.


Luego estaba el problema del tamaño. La Biblia del Rey
Jacobo era un tocho de más de 1.200 páginas y 773.746
palabras. Era imposible llevar siquiera unas pocas. Por eso
las biblias que llegaron a la Luna podían sostenerse en la
yema de un dedo. Eran pequeños cuadrados que llevaban
las páginas de la biblia microfilmadas que Stout haía
encargado a una empresa especializada. Para leer el
Génesis o cualquier otro libro, hacía falta una lente de
aumento.

Las 100 biblias que finalmente llegaron a la Luna cabían
en un paquete del tamaño de una caja de cerillas. Una
fotografía tomada en 1971 ha inmortalizado el momento
en el que el reverendo Stout le dio aquel paquete al
futuro astronauta Edgar Mitchell, que accedió a llevárselas
consigo.

“Llevaba las biblias en una bolsa donde nos permitían
llevar nuestros objetos personales”, explica  Mitchell a
Materia, al teléfono desde Florida. El astronauta recuerda
que su única preocupación fue que el paquete cumpliese
con la estricta restricción de peso impuesta por los
ingenieros de la NASA. Una vez confirmado, se olvidó
del asunto. “Estaba demasiado ocupado para ocuparme
de aquello”, comenta Mitchell sobre las biblias.

Los libros microfilmados llegaron a la Luna aquella mañana
de febrero a bordo del módulo de descenso. El paquete
permaneció dentro de éste mientras Mitchell y Shepard
pasaron dos días explorando su lugar de aterrizaje, el
mismo en el que debía haberse posado laApolo 13. De
hecho los astronautas de aquella misión frustrada e histórica
también llevaban un paquetito de biblias encargadas por
Stout y entregadas por George Bush padre, entonces
congresista republicano.

Stout vive en estado “deplorable”


A su regreso Mitchell, devolvió el paquete a Stout. Este
repartió las biblias entre autoridades como Richard Nixon
y el propio Bush y miembros de la Liga de Oración del Apolo.
También regaló una biblia lunar a la viuda de White, el
astronauta malogrado del
Apolo I. Un número de biblias
quedaron en los archivos de la liga cristiana fundada por
Stout. El tiempo fue borrando el recuerdo de aquellos
hechos hasta que la existencia de las biblias lunares quedó
 casi en un completo olvido, hasta 2010.

Ese año, representantes de un asilo de ancianos del Estado 
de Texas irrumpieron en una subasta de una de las biblias
lunares. Su propietaria era una escritora cristina llamada
Carol Mersch. El propio reverendo Stout le regaló la biblia,
según Mersch, 
que escribió un libro sobre la misión de la
primera biblia lunar. Pero el Estado de Texas consideraba
 que aquella biblia era aún patrimonio de Stout y los bienes
de Stout estaban ahora bajo la protección del Estado de
Texas.

Unos meses antes los servicios sociales de Texas habían
encontrado a Stout viviendo en “condiciones deplorables”
 junto a su mujer, según desveló la semana pasada 
el diario
Houston Chronicle
. Stout estaba sucio y descuidado y su
casa llena de basura según el testimonio de uno de los
empleados sociales que ayudaron al anciano. El reverendo
fue llevado a un asilo de Dallas.

“Los Stout están recluidos en un asilo de Texas y les han
cortado las comunicaciones”, explica Crol Mersch en un
correo electrónico. La visión de la escritora es muy diferente
de la de Frohman, que ha escrito en 
una web su propia
experiencia
 con las biblias lunares. “Estoy consternada
porque se los llevaron pocas semanas después de que
les hiciese la última entrevista para mi libro y les encontré
brillantes, elocuentes y adorables”, asegura Mersch. Según
el 
Houston Chronicle, la escritora contrató a un detective
 privado para dar con los Stout y obtuvo la biblia que intentaba
subastar poco después.

El lío legal entre Mersch y el Estado de Texas dura ya dos
años. Un tribunal le dio permiso a la escritora para vender
aquella biblia (en teoría para ayudar a Stout y su esposa
con los beneficios), pero el Estado de Texas ha apelado.
Hasta que no haya resolución, la venta de la primera biblia
lunar queda en un limbo legal.

Mientras, otras biblias lunares siguen siendo un negocio
redondo. Muchas de ellas están hoy en paradero desconocido
y algunos cazadores de recuerdos espaciales las persiguen
 sin descanso. “La última se vendió en una subasta por
56.250 dólares [43.000 euros]”, explica a
 Materia David
Frohman, cazador de biblias lunares. Frohman le compró
nueve biblias lunares a James Stout, hermano del reverendo,
quien las recibió como regalo en 1971. Este empresario y
cazador de recuerdos espaciales posa en su página web
con el palo de golf que Alan Shepard usó durante el 
Apolo
14
 para hacer dos drivessobre la superficie lunar. Entre otros
recuerdos, Frohman vendió la insignia identificativa de Mitchell
durante el Apolo 14 por 60.000 dólares. Asegura que él supo
de la existencia de las biblias lunares de los Stout mucho antes
 que Mersch, pero que decidió mantenerlo en secreto para
proteger al reverendo de los focos y la codicia de los cazadores
de 
souvenirs espaciales.

“La primera vez que vi al reverendo Stout fue en 2005, durante
mi visita para adquirir de Alan Bean la biblia lunar de 
Apolo 12
en Houston”, recuerda Frohman. “Me quedé horrorizado por la
suciedad en la que vivían Stout y su esposa y, tras intentar
conversar con él, resultó evidente que sufría de demencia.
Mientras, Helen, [la mujer del reverendo] parecía paralizada y
 muda”, recuerda Frohman. El empresario enseñó a Stout el
marco dorado y con perlas en los que había puesto las biblias
lunares para venderlas. En la web de Frohman puede verse aún
 las fotos con Stout posando junto al estuche de terciopelo rojo
 con la pieza de microfilm y una carta de autenticidad firmada 
por el astronauta Edgar Mitchell. Frohman dice que puso un
fondo falso a la foto para tapar el estado de la casa de Stout.

De la Luna al Vaticano

David  Frohman, cazador de biblias lunares, sabe que vender
biblias nunca fue tan provechoso. En octubre de 2012, la casa
de subastas RR Auction vendió por más de 7.000 dólares otro
 fragmento de biblia lunar que Frohman había restaurado y
dispuesto dentro de un huevo Fabergé. El mes siguiente, la
casa Sotheby’s 
subastó una biblia completa de Frohman
giro inesperado, la Biblia Lunar llegará pronto al Vaticano,
según Frohman.
“Aquella biblia fue adquirida por Steve Green para incluirla a
 su colección de biblias, famosa en todo el mundo”, celebra
Frohman. El cazador de objetos espaciales dice que su biblia
se unirá a una exposición itinerante llamada “Pasajes”. “La
Biblia lunar se expondrá en el Vaticano durante 75 días en
2014 y después será depositada en su destino final: el Museo
de la Biblia de Washington, en 2015”, añade un eufórico
Frohman.

No comments: