Sunday, April 14, 2013

Comentario al Evangelio por José María Maruri S,J, ¿Y AHORA QUÉ…?




¿Y AHORA QUÉ…?

Por José María Maruri, SJ

1. - Sea dicho con perdón, pero la mujer y, sobre todo el ama de casa, es siempre más realista que el hombre. “Contigo pan y cebolla”, lo puede decir el hombre a la mujer, pero ésta sabe que hay que añadirle muchas más cosas al pan y a la cebolla para mantener unido y en paz el hogar.

Pedro dice, al parecer muy espontáneamente, “me voy a pescar”. Y no sé por qué, pero detrás de esa frase me suenan unas palabritas de su mujer y de su suegra, haciéndole caer en la cuenta de que la despensa de un pescador no aguanta bien el envite de seis bocas más, como las que Pedro se ha traído de sus seis compañeros. Y tal vez, le añadieron: “y de ahora en adelante que si ¿ahora qué?”, Es la pregunta que se hacen todos los discípulos.

Todavía cuentan con un Jesús que se les va y que se les viene. Que ya no está siempre a su lado. También presienten que se les va a ir definitivamente. Y “¿ahora qué?”. No tienen plan ninguno, no tienen organigramas, ni cuentas corrientes, ni encuestas de que fiarse. Y ¿ahora qué? Pues me voy a pescar que es lo único que sé hacer. Y es en eso, en lo único que sabe hacer, donde encuentra una respuesta.


2. - Estaba ya amaneciendo, como estaba amaneciendo cuando María fue y no encontraba al Señor en el sepulcro. ¿Cómo lo iba a encontrar si estaba amaneciendo el amanecer lleno de esperanza de la humanidad?

Estaba ya amaneciendo y en la orilla le miraba el Señor. El Señor que, durante el primer juicio en casa de Anás y tras sus negociaciones, le miró y le mira de nuevo desde la orilla.

El Señor que arrancó de sus ojos amargas lágrimas con una sola mirada le vuelve a mirar desde la orilla.

Y ¿ahora qué? Pues tirarse de cabeza al mar para llegar cuanto antes a la orilla junto al Señor.
Y allí el Señor le contesta al y ¿ahora qué? Que le ame y más que los demás. “Señor tu sabes todas las cosas, tu sabes que te quiero”. Que cambie de oficio, que tire las redes al mar y tome el callado de pastor. Ambos oficios nada sencillos, ni inocentes. El pescador se enfrenta con la naturaleza bravía y el pastor con las fieras del campo, “os envío como ovejas entre lobos”. Y que se prepare porque su destino le va a hacer llegar hasta donde él dijo en bravatas: “Señor, mi vida daré por Ti”. Y ahora el Señor se lo acepta: “Te llevarán donde no quieras”.

Y regresó Pedro a casa lleno del Señor, pero incierto en su futuro, como son las cosas de la fe.


3. - ¿En cuántos momentos de nuestra vida hay un “y ahora qué”, que no va a encontrar contestación más que buscando al Señor en la orilla, desde donde sin duda nos mira y nos quiere hablar?

Y sólo si tenemos la valentía de tirarnos al agua puestos los ojos en el Señor vamos a encontrar una contestación que responda plenamente a ese qué.

Betania

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