Friday, August 18, 2017

A 50 años de la Populorum Progressio, América sigue herida por la pobreza por Mirolava López



  • Sin el desarrollo de los pueblos es muy difícil alcanzar la paz, recuerdan los participantes del “Encuentro Latinoamericano y Caribeño: 50 años de la Encíclica Populorum Progressio

“Desde una perspectiva profética hemos constatado diversos desafíos que hoy nos interpelan y nos duelen: la pobreza, y la tendencia regresiva a ella de millones de personas en nuestros países, producto de sistemas económicos y políticos que valoran más el tener que el ser, el beneficio económico, más que la vida, las ideologías por encima de las personas, y que asumen el poder como dominación y no como servicio liberador”.
Con esta declaración concluyó el “Encuentro Latinoamericano y Caribeño: 50 años de la Encíclica Populorum Progressio”, celebrado esta semana en El Salvador, el cual reunió a representantes de 22 países de Caritas regional, de Caritas Internationalis y del CELAM, con la finalidad de revisar el caminar de la Iglesia en el 50 aniversario del documento del papa Pablo VI.
A través de un comunicado conclusivo, los participantes aseguraron que estos sistemas políticos y económicos han sacrificado a “millones de seres humanos y a la obra del Creador, la naturaleza, nuestros ecosistemas, las culturas autóctonas y hasta las creencias religiosas que nos identifican como un pueblo que ama y sirve a la vida”.
El Encuentro se llevó a cabo del 13 al 16 de agosto, y fue organizado por el Departamento de Justicia y Solidaridad del CELAM y el Secretariado Latinoamericano y del Caribe de Caritas.
Durante estos días se desarrollaron actividades formativas y de reflexión conjunta, con miras a construir una pastoral social comprometida con la causa de los pobres. También se contó con algunas conferencias, como: “El Desarrollo en la Doctrina Social de la Iglesia”, “Una mirada teológica” y “Una mirada desde la Pastoral Social Caritas”. Asimismo, los participantes trabajaron en talleres simultáneos de “Ecología y Desarrollo”, “Equidad entre hombres y mujeres”, “Objetivos de Desarrollo sostenible” y sobre la “Encíclica Laudato Si’ y el cuidado de la Casa Común”.
El comunicado, que fue leído por monseñor José Luis Azuaje, Presidente de Caritas América Latina y el Caribe, señaló como conclusión: “Son muchos los desafíos que se presentan, pero la Iglesia cuenta con todos nosotros, con los jóvenes servidores de la caridad y los equipos de Pastoral Social-Caritas de nuestros países”.
Ante estos retos, hicieron un llamado a la Iglesia a seguir trabajando con amor y entrega, y recordaron que próximamente se celebrarán en la región la Campaña Mundial de Migraciones, la Campaña contra la Violencia Infantil, el encuentro de Diálogo con los Movimientos Sociales, la Jornada Mundial de los Pobres y el Encuentro Latinoamericano y Caribeño de Ecología Integral, así como una serie de actividades que nutren el bien de las comunidades.
También se exhortó a los gobiernos, empresas y el sector económico, a los políticos, a las instituciones democráticas que tienen la responsabilidad de generar políticas públicas, a las comunidades eclesiales y a todos los discípulos misioneros, a trabajar para que toda persona logre pasar de condiciones menos humanas, a condiciones más humanas, siendo conscientes de que sin el desarrollo de los pueblos, es muy difícil alcanzar la paz.
Cabe recordar que parte de la agenda de estas actividades coincidió con la celebración del centenario del natalicio del beato Óscar Arnulfo Romero, primer mártir declarado por causa política, donde los asistentes realizaron una peregrinación hasta la Catedral de San Salvador para participar de una Misa por el centenario de su nacimiento, la cual fue presidida por el cardenal Ricardo Ezzati, Arzobispo de Santiago, enviado especial del papa Francisco.

Vida Nueva


Que no se entere la abuela por Dolores Aleixandra


Se trata de una experiencia vivida recientemente en una Pascua familiar que animo hace más de 15 años: 70 niños, más sus padres, más un cura amigo y 9 monitores fantásticos. Estaba yo muy contenta de lo bien que estaba aplicando el “diseño estratégico de retirada y cesión de paso” que tanto he predicado a mi generación (pasar a otros responsabilidades y organización, prever que las cosas sigan adelante aunque ya no estemos, practicar el principio “Toma tú la delantera por si te rompes la cadera”).
Pero una cosa es lo que decides y otra lo que sientes y se me ha hecho evidente en mi reacción ante un suceso imprevisto: un percance serio de comportamiento de dos adolescentes desencadenó el protocolo de emergencia (intervención de los educadores, diálogo con los niños y con sus padres, aplicación de sanciones…), y de todo eso me enteré bastantes horas después.
La explicación era convincente: habían querido ahorrarme un mal rato. Una parte de mí agradecía haberme quedado fuera del conflicto porque soy de natural pacífico; pero, a la vez, sentí el sobresalto de encontrarme en una situación que me pillaba desprevenida: había entrado en la categoría de “abuela-a-la-que-hay-que-ahorrarle-disgustos”.
La verdad es que me gustó poquísimo aunque no dije ni mu, fiel a mi decisión de evitar ser una vieja gruñona y quisquillosa.
Pasado el tiempo y como sigo empeñada en entrar con buen pie en esta nueva etapa vital, ahí van estos pareados un tanto ramplones que dedico a mis colegas de la generación senior, por si se encuentran en situaciones parecidas:
No te quejes al menguar y aprende pronto a soltar.
Humor y cierta elegancia dan a la vejez su gracia.
Ni figurar ni mandar: ¡qué buen vino el del final!

Dolores Aleixandre
Un grano de mostaza
RD

¿Por qué las mujeres ganan menos? por Gaby Jorquera



Decía un profesor mío que los humanos somos adictos al dinero: prueba vivir sin salario un par de meses y verás qué es un síndrome de abstinencia. Y es que la mayor parte de las personas adultas vivimos de nuestro trabajo, o de las prestaciones sociales que se derivan de haber trabajado. En los salarios se reproducen algunos de los mecanismos de desigualdad de género presentes aun en nuestra sociedad, por lo cual son una buena ventana para mirar qué tal nos va en materia de igualdad.
Los salarios se determinan de formas muy complejas. Sabemos que el nivel educativo alcanzado influye en los ingresos: a más estudios, más salario. También sabemos que algunos sectores se caracterizan por salarios más altos, por ejemplo la industria comparada con la construcción o el sector servicios. Y también influye, y fuertemente, el sexo.

Salarios femeninos. La brecha que no se cierra


Fuente: Encuesta anual de estructura salarial. Serie 2008-2015


En el gráfico vemos que las mujeres ganan alrededor de un 23% menos que los varones según los últimos datos disponibles de la Encuesta de Estructura Salarial. La brecha salarial se ha mantenido sobre el 21% desde 2008, llegando al 24% en su peor momento (2013).
Pero lo que vemos en el gráfico en el trazo grueso: la ganancia media anual oculta la parcialidad de las jornadas laborales, las entradas y salidas del mercado laboral, etc. Puede que las mujeres ganen menos porque trabajen menos horas, ya que se emplean de manera más frecuente en jornadas parciales no queridas (es decir, quieren trabajar a jornada completa, pero por diversas razones, no pueden) De todas formas esto también muestra la desigualdad de oportunidades para acceder a un empleo de calidad.
Aunque miremos lo que hombres y mujeres ganan por hora (con lo cual controlamos el efecto del tipo de jornada) las mujeres siguen ganando un 16% menos, como vemos a continuación.


Encuesta anual de estructura salarial. Serie 2008-2015


Ya, ya, pero ¿Por qué las mujeres ganan menos?
¿Será porque tienen un nivel de formación menor? Pues va a ser que no. La desigualdad en la educación por sexo no es un tema para España, según el Global Gender Gap Report. Es uno de los logros más destacados de los últimos años. En personas de menos de 50 años, los niveles de formación de las mujeres son más altos que el de los hombres. Aun así, las mujeres están peor pagadas y tienen menos acceso a posiciones de poder en el ámbito laboral. Es llamativo como en ámbitos muy feminizados, como salud, educación, o el tercer sector de acción social, los puestos directivos están ocupados mayoritariamente por hombres.
Por supuesto, también influye la experiencia laboral. Quienes han pasado más tiempo trabajando tienen salarios más altos. Si observamos los ingresos laborales medios por nivel de formación y según los años de experiencia laboral, la brecha se mantiene. La imagen es desoladora: independientemente del nivel de estudios, de la experiencia que tengas, si eres mujer no vas a ganar lo mismo.


Elaboración propia en base a datos de la ECV 2016

Nada de lo que observamos en los datos explica por qué las mujeres ganan menos. Desde luego, es probable que haya características no observadas  que pueden estar afectando a los salarios femeninos, además de otros factores que no hemos tratado aquí, como la segregación horizontal en el empleo, el reparto de actividades domésticas y de cuidado entre hombres y mujeres que afectan negativamente la disponibilidad o la percepción de la disponibilidad al empleo de las mujeres.
El hecho es que la brecha existe. Y no es un problema sólo femenino (que lo es) y no es sólo por una cuestión de justicia (que también lo es). La historia nos muestra que hay una estrecha relación entre el desarrollo económico y una mayor igualdad de género.
Hay políticas posibles para disminuir la desigualdad de género en el mundo laboral (y más allá). Pero no avanzaremos ni un paso hacia la igualdad si esperamos que por pura concienciación se hagan cambios políticos. Para una sociedad distinta, necesitamos políticas diferentes. Y mientras tanto, podemos ir mirando cómo repartimos tareas, responsabilidades y salarios en nuestros hogares y en nuestros trabajos.

Gaby Jorquera
entreParéntesis

RECUERDOS DE UN HOMBRE SANTO (AUNQUE EN ESE MOMENTO NO LO SABÍA) por LUIS BADILLA

Una rara imagen de Monseñor Romero delante de la Fontana de Trevi, en Roma, conservada en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) de San Salvador

Una rara imagen de Monseñor Romero delante de la Fontana de Trevi, en Roma, conservada en el Museo de la Palabra y la Imagen (MUPI) de San Salvador

Conversando con monseñor Romero al pie del obelisco de San Pedro, un año antes de ser asesinado

Conocí y me encontré con Mons. Óscar Romero, arzobispo de San Salvador, el jueves 10 de mayo de 1979, tres días después de que fuera recibido por primera vez en audiencia privada por Juan Pablo II [2]. La cita era al pie del obelisco de la Plaza de San Pedro y estuvimos paseando juntos casi 50 minutos, tocando en nuestra conversación diversos temas, especialmente las trágicas y confusas noticias que llegaban de El Salvador.
Durante una marcha de opositores a la dictadura pseudo legal del general Carlos Humberto Romero, agolpada frente a la entrada de la Catedral para expresar solidaridad con otros manifestantes que habían ocupado el templo pidiendo la libertad de algunos dirigentes arrestados, el 8 de mayo de 1979 a las 12.45 la policía del régimen perpetró una espantosa masacre disparando contra cualquier cosa que se moviera. Al terminar el día, sobre la explanada y las escalinatas de la Catedral había 25 cadáveres.
Aunque todavía nada resultaba claro, porque las noticias de las agencias eran muy escuetas debido a la censura impuesta por el régimen, Mons. Romero, que conocía en profundidad la situación, comentó con tristeza: “Espero que no haya ocurrido algo irreparable, pero temo lo peor”. Pocos días después, lamentablemente, supimos que las palabras del arzobispo habían sido certeras. En efecto, había ocurrido lo peor: lo que la historia recuerda como “La masacre de la Catedral”.
Nuestro encuentro era posible gracias a mi amistad con Mons. Arturo Rivera y Damas (sucesor de Mons. Romero después de su asesinato, el 24 de marzo de 1980), amigo y colaborador del arzobispo. Mons. Rivera y Damas años antes había sido obispo auxiliar de la arquidiócesis de San Salvador y en esa época mantenía estrechas relaciones de amistad con varios obispos y sacerdotes chilenos que yo conocía muy bien. En esta trama de relaciones y amistades, hace 36 años nació la idea de que nos encontráramos en Roma, sobre todo para hablar sobre mi país, humillado desde hacía más de cinco años por otra terrible dictadura. En realidad, durante nuestro encuentro se habló poco y nada de la situación chilena. Mons. Romero sentía una gran necesidad de interiorizarse sobre lo que estaba ocurriendo en su país y en su diócesis, y eso centró la conversación en la tragedia salvadoreña, haciendo desaparecer la chilena.
Aquella tarde Mons. Romero, de natural amable y sosegado, se mostraba bastante nervioso, y en la intensa gesticulación de sus manos y la contracción de su rostro se podían “leer” señales de angustia y ansiedad, casi diría de dolor físico. Hablaba de prisa, cosa no habitual en él, según pude verificar posteriormente escuchando diversas grabaciones de sus homilías. También estaba preocupado por su viaje del día siguiente, 11 de marzo. Debía dirigirse a España, donde después tomaría el avión hacia su país. Allí sin duda iba a encontrar una situación mucho peor que la anterior a su viaje a Roma, e incluso más crítica que la descripta ampliamente al Papa Juan Pablo II 24 horas antes de la masacre de la Catedral.
De todos modos estaba agotado por su larga estadía en Roma, que se había prolongado a la espera de un encuentro con el Papa. Esos días eran “muy costosos para mi… Usted sabe, mi diócesis es pobre y debemos usar el dinero con mucha responsabilidad”, comentó durante nuestra conversación. Mons. Romero tenía la impresión de no ser bien comprendido en algunas dependencias de la Curia y pensaba que muchas veces se escuchaba y se daba más credibilidad a voces enemigas de la Iglesia salvadoreña o a los que, con palabras del Papa Francisco, hoy podríamos llamar “chismes”. En efecto, durante muchos años, incluso después de su martirio, Mons. Romero fue víctima del “terrorismo de los chismes” que en algunos momentos tuvieron un efecto conocido: obstaculizar o retardar su proceso de beatificación. Recuerdo que Mons. Romero consideraba que estos “chismes” eran “en cierta medida comprensibles” porque, explicó, “la situación interna del país es muy confusa y envenenada y una de las técnicas que se usan para desinformar son las falsedades, las calumnias, los rumores infundados (…). Son habladurías insignificantes que lanza la prensa del gobierno, aparentemente de manera inofensiva, y después otros las agigantan como verdades indiscutidas”, agregó con amargura. En muchos casos él era la víctima principal y privilegiada del régimen y de los partidos que lo apoyaban, y que hacían todo lo posible para desacreditar al arzobispo.
Yo sabía que en el Vaticano le habían sugerido que tratara de mejorar las relaciones con el gobierno, y por eso durante nuestro encuentro le pregunté a Mons. Romero si le sería posible hacerlo. Su respuesta –recuerdo con claridad- fue desarmante: “Todo es posible y siempre hay que intentarlo, pero me parece que nuestra sinceridad y buenos propósitos no se entienden como desearíamos. En respuesta a nuestros pedidos solo recibimos, de parte de las autoridades, silencio, acusaciones y a veces ofensas. En el gobierno y en la política salvadoreña la mayoría piensa que la Iglesia es una institución enemiga e infiltrada por personas enemigas del país, de la democracia y de la convivencia pacífica”. El arzobispo consideraba que una “terrible evidencia” de este rencor, al límite del odio, era el asesinato de varios sacerdotes y laicos comprometidos en la pastoral, el último de los cuales era el padre Octavio Ortiz, muerto el 20 de enero junto con cuatro jóvenes.
En su corazón siempre estaban vivos los nombres de los hermanos muertos, empezando por el padre Rutilio Grande, asesinado el 12 de marzo de 1977 junto con otras dos personas (Manuel Solorzano, de 72 años, y Nelson Rutilio Lemus, de 16 años). Posteriormente Mons. Romero debió llorar la muerte de otros sacerdotes (mayo de 1977, el padre Alfonso Navarro Oviedo; enero de 1978, el padre Neto Barrera). Y después de su encuentro con el Santo Padre, cuando volvió a su país, enfrentó la muerte de otros dos hermanos más: el padre Rafael Palacios (junio de 1979) y el padre Napoleon Alirio Macías (agosto de 1979).
Recuerdo haberle planteado a Mons. Romero lo siguiente: “En el momento de su nombramiento (1970, como obispo auxiliar de San Salvador) [3] se dijo que usted era muy conservador, de “derecha”. Ahora, en cambio, algunos lo acusan incluso de ser comunista. ¿Por qué, monseñor?” En ese momento el arzobispo se detuvo, me miró con firmeza y me dijo: “¡No! Nunca me interesó la política. Nunca fui de derecha o de izquierda. Son conceptos de una categoría que no conozco y no comprendo, la política. Desde 1930, en los tiempos del Seminario de San Miguel (Romero tenía 13 años), siempre he pensado en Cristo y en su Iglesia como mis únicos puntos de referencia. El hecho de ser considerado primero de derecha  y después de izquierda demuestra que otros me quieren utilizar y no lo que yo pienso y lo que yo soy realmente”.
Después me hizo una reflexión corta y muy lúcida. “El problema que afronta la Iglesia latinoamericana, y a lo mejor esto también ocurre en otras partes, es la lectura político-ideológica que se hace desde fuera de su ser y de su misión. Muchas veces algunos sectores de la sociedad consideran la misión de la Iglesia con anteojeras ideológicas, con el propósito de utilizarla, y entonces, según sus necesidades, le ponen la etiqueta que les conviene. Y si no pueden domesticarla, tratan de destruirla”. Este mismo pensamiento lo hemos encontrado muy a menudo en las grabaciones que dos años antes de su muerte hizo el arzobispo y que fueron publicadas integralmente en 1990[4].
Recuerdo que dentro del marco de estas reflexiones, Mons. Romero hizo numerosas observaciones sobre derechos humanos y sobre la dignidad de la persona. En especial recordó algunos relatos de salvadoreños torturados y de familias destruidas, y entre ellos varias personas que habían estado muy cerca de él durante muchos años. Recordó también, con voz estrangulada por la emoción, algunos casos de niños torturados para obligarlos a informar sobre miembros de su familia buscados por la policía política. En algunos momentos Mons. Romero también puso de relieve el drama de la pobreza, más aún, de la miseria de muchos compatriotas, y después hizo referencia a algunos Episcopados europeos y norteamericanos que proporcionaban ayuda solidaria a las obras de promoción humana de su arquidiócesis. En este contexto pronunció una frase cuyo significado profundo comprendí recién años más tarde: “Sabe, querido amigo, en cierto sentido la pobreza es un mal menor, porque se puede ser pobre con dignidad. Con la tortura y la represión, en cambio, esta dignidad desaparece, y la persona queda envilecida y reducida a un objeto. Es algo que después no resulta fácil superar. Estas heridas son peores que el hambre o el sufrimiento físico”.
Después de intercambiar nuestras respectivas direcciones y números de teléfono, nos separamos con un afectuoso apretón de manos y un tímido abrazo. En silencio, para siempre. Se alejó con la cabeza inclinada hacia la Vía de la Conciliación, pequeño, casi minúsculo, cada vez más borroso… Nuestro encuentro fue doloroso, y hoy diría que premonitorio. Recuerdo que miré largamente el crucifijo que corona el obelisco, seguro de haber hablado con un sacerdote ejemplar y un gran pastor… pero sin comprender que era un hombre santo.
***
[1] La narración de estos recuerdos se remonta a muchos años de distancia de los hechos relatados y ha sido posible gracias a un querido amigo salvadoreño al que diez días después de mi encuentro con Mons. Romero le escribí una carta contándole una parte importante de la conversación. Ahora este amigo, que hoy vive en Estados Unidos, me envió una copia de mi carta de 1979, que yo no conservaba. A él mi sincera gratitud y afecto, así como a su familia.
[2] Mons. Romero se encontró con el Papa Wojtyla por segunda y última vez el 30 de enero de 1980, tres meses antes de ser asesinado.
[3] El 25 de abril de 1970, Mons. Romero fue nombrado obispo auxiliar de San Salvador por el Papa Pablo VI, quien luego lo nombró obispo de Santiago de María, el 15 de octubre de 1974. Por último, el 3 de febrero de 1977 el mismo Papa Montini lo nombró obispo de San Salvador.
Mons. Romero estuvo con Pablo VI por última vez el 21 de junio de 1978, un mes y medio antes de la muerte del Pontífice. Mons. Romero, en su diario, recordó aquel encuentro con especial afecto. Describe que el Papa fue con él “cordial, amplio, generoso, la emoción del momento no es para recordar palabra por palabra”. El Papa Montini le dijo: “Comprendo su difícil trabajo. Es un trabajo que puede ser no comprendido, necesita tener mucha paciencia y mucha fortaleza. Ya sé que no todos piensan como usted; sin embargo, proceda con ánimo, con paciencia, con fuerza, con esperanza’. Me prometió que rezaría mucho por mí y por mi diócesis. Y (me pidió) que hiciera todo esfuerzo por la unidad”. Al año siguiente Mons. Romero volvió a Roma, visitó la Basílica Vaticana y oró ante la tumba de Pablo VI. “Me ha impresionado, más que todas las tumbas, la sencillez de la tumba del papa Pablo VI”, recogió en su diario personal. “Sentí especial emoción al orar junto a la tumba de Pablo VI, de quien estuve recordando tantas cosas de sus diálogos conmigo, en las visitas que tuve el honor y la dicha de ser admitido a su presencia privada”.
[4] A diez años de la muerte de Mons. Romero, la arquidiócesis de San Salvador publicó sin comentarios la transcripción de esas cintas.
*Estos recuerdos ya los publicamos por primera vez el 23 de mayo de 2015. En este nuevo aniversario nos pareció oportuno volver sobre lo que supimos y conocimos del beato en el lejano 1979. Es un pequeño homenaje a un gran santo, a un sacerdote fiel e íntegro que con su ejemplo y su sacrificio salvó la fe de miles y miles de latinoamericanos, sobre todo jóvenes. Una buena parte de la Iglesia católica en América Latina hoy hunde sus raíces de amor y fidelidad en el corazón de Óscar Romero (Ciudad Barrios, 15 de agosto de 1917 – San Salvador, 24 de marzo de 1980)
Tierras de América

“MI HERMANO OSCAR…”. Entrevista a Gaspar Romero por Alver Metalli

Gaspar Romero (foto El Faro). En el recuadro, la madre Guadalupe con Oscar Arnulfo, Zaida, Rómulo y el mayor, Gustavo

Gaspar Romero (foto El Faro). En el recuadro, la madre Guadalupe con Oscar Arnulfo, Zaida, Rómulo y el mayor, Gustavo

“El 15 de agosto, día de su cumpleaños y Asunción de María, recuerdo perfectamente que mi madre me dijo que él llegaría alto”

A las diez  de la mañana la temperatura ya llega a 30 grados. Navidad con 40º no es algo raro en estas latitudes, donde los árboles navideños no conocen los copos de nieve. No lo es para Gaspar Romero, que se defiende del calor sentado junto a la puerta de una sala que da al patio, lleno de plantas verde intenso. Es el menor de los siete hermanos nacidos del matrimonio de Santos Romero y Guadalupe Galdámez, y lo separan doce años del segundo, el famoso Óscar Arnulfo. Es jovial y lúcido, con sus 87 años. Le informo sobre el encuentro que acabo de tener con el sacerdote Rafael Urrutia, quien estuvo a cargo de la causa de beatificación de su hermano Óscar, y la noticia de que la documentación sobre un cuarto milagro, por el que tal vez sea reconocido como santo, acaba de ser enviada a Roma para que la examinen los miembros de la congregación vaticana encargada del tema. Los otros dos casos de presuntas curaciones inexplicables, la de un ecuatoriano y la de un mexicano, están siendo estudiados pero todavía en El Salvador. Gaspar Romero escucha con atención, visiblemente interesado. Después de asimilar las noticias que le estoy transmitiendo, me pregunta si estuve en la cripta de monseñor Romero, en el subsuelo de la catedral metropolitana. Me recomienda que vaya y observe con atención una pintura “muy bonita” de un doctor Usulutan, quien agradece al beato Romero por un milagro recibido. “A mí personalmente me han contado muchas curaciones y gracias recibidas por muchos fieles, pero que no tienen base científica, y que hay muchas personas que por intercesión de monseñor han recobrado la salud o encontrado trabajo…”.
Le muestro una foto tomada del sitio salvadoreño Supermartyrio. En la imagen, desteñida por el tiempo, se ve a la madre, Guadalupe Galdámez de Romero, con largos cabellos oscuros, y sus hijos. Óscar Arnulfo acurrucado en el borde de una silla junto con Zaida, Rómulo en los brazos de su madre y el mayor, Gustavo, de pie a su lado. La fotografía – explica el sitio que la publicó por primera vez – fue tomada el 21 de noviembre de 1922, cuando Óscar Arnulfo tenía cinco años y es, a todos los efectos, la imagen más antigua de Romero niño que se conoce.
-Pero usted no está en la foto.
Gaspar Romero la toma con la punta de los dedos, como si fuera una hostia.
“Vine después”, dice sonriendo. “Los de esta foto murieron todos”.
Los únicos que todavía viven son él y Tiberio Arnoldo Romero, radicado en San Miguel, el pueblo donde Óscar fue primero seminarista y luego obispo. “Yo vengo después que él. Mi hermana ya falleció”.
-¿Qué se siente o cómo se vive con un hermano casi santo?
Gaspar Romero admite que nunca pensó que aquel hermano con el que creció pudiera llegar a ser santo. “Vivíamos juntos y veía su carácter…”. Se ve que busca la palabra apropiada para definirlo. “Diferente”, dice después en tono muy contenido. “Pero recuerdo una predicción de mi madre”, revela. Era el año 1942, Romero todavía se encontraba en Roma para completar su formación académica en la Pontificia Universidad Gregoriana. “Hablando con ella del cumpleaños de Óscar Arnulfo el 15 de agosto, día de la Asunción de María, recuerdo perfectamente que me dijo que llegaría muy arriba”. No dice si pensaba en el cielo de los beatos o de los santos, y con pudor desvía la conversación sobre el Papa actual, al que no conoce personalmente sino “solo por correspondencia”, como aclara. Pero le gusta mucho. “Él fue quien sacó el proceso de beatificación del pantano en el que se encontraba. Sé que no progresaba por la oposición que había aquí entre nosotros”, en El Salvador. Da algunos nombres, unos bastante conocidos y otros menos. Le recuerdo que el Papa, después de la beatificación, dijo una expresión muy fuerte, de martirio sufrido incluso después de su muerte, un martirio “que continuó después de su asesinato” por las calumnias de “sus hermanos en el sacerdocio y en el episcopado”.
“Sí, efectivamente así fue, se lo escuché decir a él también los últimos días”, exclama Gaspar. “Su pecado fue defender a los pobres, pedir justicia para que no se cometieran prepotencias contra la gente pobre. Por eso la oligarquía lo hizo matar. Los diarios lo ultrajaban, los de este país, que son diarios de los ricos y dicen lo que los ricos piensan. Decían que era comunista, que era guerrillero, y la oligarquía salvadoreña mandó a Roma tres obispos, el de San Miguel, el de San Vicente y el de Santa Ana, para que lo denunciaran y para pedir que lo transfirieran. Monseñor lo supo y le disgustó mucho que tres hermanos en el episcopado hubieran ido a denunciarlo. Fue muy doloroso para él, porque eran algunos de los que él había ayudado”. Y agrega que “hoy también hay difamadores” en la Iglesia de El Salvador.
-¿Y conoce personas que hayan cambiado de opinión sobre monseñor Romero, que hayan sido críticas y hostiles y ahora piensen distinto?
“Si, y vinieron a verme. Me dijeron que lo lamentaban mucho y que estaban arrepentidas porque habían repetido cosas falsas sobre monseñor Romero. Piden perdón a Dios y a él por las ofensas que le hicieron”.
-Como ocurrió con Rutilio Grande antes que él..
“Cuando nombraron obispo a Romero, el padre Rutilio era director del seminario San José de la Montaña. Rutilio le pidió que lo trasladara a El Paisnal, donde había nacido. Allí adoctrinaba a la gente, les enseñaba que no se dejaran ultrajar por los patrones, que pidieran un trato justo y salarios decentes. Y eso provocó también su muerte: la extrema derecha lo mandó asesinar”.
-¿Qué significó aquello para su hermano?
“Cuando monseñor Romero supo que habían matado a Rutilio, fue allí. Llegó al lugar donde lo estaban velando, en el parque. Preguntó por qué no lo velaban en la iglesia y lo hizo llevar dentro. Permaneció toda lo noche junto al cuerpo de Rutilio. Allí comenzó también su amistad con los jesuitas (Rutilio Grande era jesuita, nda), que se habían distanciado de él y lo criticaban”.
-¿Es cierto que en aquel momento, delante del cadáver de Rutilio Grande, comienza – como dicen sus biógrafos – el cambio de Romero?
“Sì, allí comenzó en él una transformación. Le pidió al Presidente de la República, el doctor Carlos Humberto Romero, que se investigara el asesinato del padre Rutilio hasta identificar a los culpables. El Presidente le dijo que no sabía quiénes eran los responsables pero que haría investigar a fondo y en un mes tendría respuestas. Pero no fue así. Pasó el mes y como no había responsables seguros, monseñor Romero rompió con el gobierno”.
Lo que también tuvo consecuencias para su hermano menor. Gaspar Romero habló sobre eso en una entrevista al diario on line El Faro en agosto de 2011: «Yo tenía un cargo muy bueno en ANTEL (la empresa de telecomunicaciones nacional, nda), de jefe. Y de repente llegó la orden, recuerdo que fue un viernes: me pasaron a la portería, a trabajar de las 7 de la noche 7 de la mañana. Yo iba a preguntar el porqué, que qué había hecho, hasta pedí audiencia, pero nunca me la dieron. Entonces, yo cumplí y me fui a la portería. Cuando logré hablar con mi jefe, me lo confirmó: “Es por su hermano”».
En la misma entrevista Gaspar Romero habla de los días previos al asesinato de su hermano y de las consecuencias que él sufrió.
«Yo recibía también muchas amenazas anónimas en mi casa, desde malcriadezas y groserías  hasta algunas muy finas, en las que me decían que querían mucho a mi hermano y que yo intercediera. El viernes antes de que lo mataran (a Monseñor Romero lo asesinaron un lunes) me llegó un anónimo que decía algo así: si mi hermano no desiste de sus homilías, las horas las tiene contadas, que lo iban a secuestrar y que yo se lo dijera. Era bien pulida, bien nítida. Entonces fui a verlo y me dijo: “No le hagás caso, botálo”».
Fue la última vez que habló con su hermano.
«No te preocupés, me dijo, y si me llega a pasar algo, vos vas a ser el primero de la familia en saberlo. Y fueron palabras proféticas, porque el 24 de marzo yo estaba trabajando cuando a las 6 y pico de la tarde me habló mi jefe y me dijo que fuera a la Policlínica, que habían herido a mi hermano. Yo ya sabía, verdad, y salí corriendo. Al llegar no me querían dejar entrar, pero me identifiqué. Como a las 10 entraron todos mis parientes, y ahí estuve toda la noche».
Las palabras más candentes llegan antes de la despedida. La temperatura también ha subido y está cerca de los 35 grados. Le refiero un diálogo con el canciller de la arquidiócesis de San Salvador, Rafael Urrutia, quien acompañó a monseñor Romero a los altares y ahora está haciendo lo mismo con Rutilio Grande.
-Me dijo que si hoy Romero estuviera vivo, diría las mismas cosas que decía en los años ’80…
“Yo le digo más: si hoy estuviera aquí, lo hubieran matado de nuevo. Porque él hubiera seguido defendiendo a los pobres de tantas injusticias, tanta miseria y tanta corrupción”.
Artículo publicado en Tierras de América Vatican Insider el 24 de diciembre de 2016 con el título: NAVIDAD CON LOS ROMERO. Entrevista a Gaspar el menor de los siete hermanos del beato salvadoreño: “Si mi hermano estuviera aquí, lo hubiera matado de nuevo
Tierras de América

CARTA A BINYAMIN NETANYAHU por José Ignacio González Faus sj

Carta a Binyamin Netanyahu

J. I. González FausSeñor Presidente: me permito robarle nada más cinco minutos, para hablarle de los “asentamientos”. Aunque personalmente disiento de su modo de proceder en este punto, no voy a entrar en razones éticas o políticas: hay otras instancias y otros momentos para esos debates, aunque no funcionen demasiado bien… Me limitaré más sencillamente al aspecto bíblico, dado que muchos colonos arguyen: “esta tierra es nuestra, porque Dios nos la dio a nosotros”.
Prescindamos ahora de la falta de nobleza de cuantos arguyen así sin ser creyentes. Atendiendo sólo a aquellos que todavía creen y siguen rezando el “Shemâ Israel”, debo decir que esa argumentación bíblica no se sostiene. Por estas razones:
1.-  El mismo Dios que dio la tierra, vista la infidelidad del pueblo que sigue adorando a “Baal y Astarté”, proclama: “tampoco Yo quitaré de en medio a las naciones que Josué dejó al morir”; de modo que “los israelitas vivieron en medio de cananeos, hititas, amorreos, fereceos y jebuseos” (Jueces 2, 21.23; 3, 3-5). Los arqueólogos creen, además, que la ocupación de la tierra fue más bien pacífica porque había muchas zonas despobladas; se narró de forma militar para inspirar confianza en el apoyo de Dios que da la victoria. Y, por ejemplo, consta que ni Jericó ni Ay ni otras ciudades existían en la época en que el libro de Josué narra su conquista.
2.- La revelación bíblica de Dios tiene un carácter progresivo que se muestra en infinidad de ejemplos: al principio, cada desgracia que le sucede al pueblo es leída como un castigo de Dios, por unos hombres que eran al menos muy conscientes de su infidelidad al Señor. Pero entender eso de manera fija y estática hizo que, durante el Holocausto, muchos judíos de buena fe no supieran defenderse creyendo que se trataba de un castigo de Dios, que se valía de Hitler como antaño se había valido de Nabucodonosor. Cuando la agresión de Antíoco IV, Israel había aprendido ya que aquello no era un castigo de Dios sino una agresión injusta. ¡Lástima no haber recordado a los Macabeos cuando estalló la barbarie nazi!
Pero ahí se ven los estragos que puede hacer una lectura estática y no progresiva de la revelación de Dios.
3.- El exilio fue vivido por su pueblo como un castigo de Dios; pero allí aprendió Israel que Dios no era un bien exclusivamente suyo, sino Creador de todos los hombres y que también había gente agradable a Dios fuera de sus fronteras, tanto que Israel incorporó en su Biblia, como palabra de Dios, mucha sabiduría de otros pueblos. Y pese a las resistencias conservadoras impuestas al regreso del destierro babilónico (que obligaron a varios repudios), un judío podrá en adelante casarse con una mujer no judía y eso quedará después como algo definitivo: porque lo que tenemos en común como humanos capaces de amar, es superior a lo que nos diferencia como hijos de una u otra religión. Precisamente de uno de esos matrimonios mixtos era descendiente David y nacería luego Salomón.
4.- Fruto de esa dinámica es la lección de que cuando Dios llama o elige a alguien no lo llama para provecho suyo, sino para bien de los demás. Isaías dirá que Israel ha sido elegido como “luz para las gentes” (42,6), creando una sociedad que, en su humildad y su pequeñez, era modelo de justicia y de colaboración, donde no debía haber pobres ni esclavos. El actual estado de Israel, como sus antecesores, ha perdido esa ejemplaridad, empeñándose en ser “como las demás naciones” (Samuel 8,5): adorador de Mamôn, esa palabra aramea tan intraducible, que designa la confianza en la riqueza por delante y en contra de la confianza en Dios; con lo cual pervierte aquello que es un don de Dios, (la abundancia para todos), convirtiéndolo en una ofensa a Dios (la abundancia para unos pocos).
5.- Fruto de toda esa dinámica es también la crítica de la religión patente y presente en la Biblia, donde la religión deja de ser cuestión de culto, para pasar a ser  una cuestión de justicia interhumana: “quiero misericordia y no culto” (Os 6,6); el ayuno que yo quiero es que partas tu pan con el hambriento, des casa al que no tiene… (Is 58); y Dios sabe que va a ser tan poco escuchado en este punto, que le dice al profeta: “clama, no ceses, grita en voz bien alta”. No tranquilices tu conciencia diciendo “el templo del Señor, el templo del Señor” (Jer 7,4) porque tengo toda la tierra para morar en ella y no necesito para nada tus ofrendas y tus holocaustos, ni tus templos. ¡Cómo ha ido creciendo aquí la pedagogía de Dios desde los tiempos de David hasta los del profeta Jeremías!
Si algún colono es todavía creyente ¿no escuchará la voz del Señor diciéndole como a Jonás: tú te quejas por tu vivienda; y crees que a Mí no me importa nada esa Palestina donde habitan cientos de miles de hombres? (4,11).
Desde esta panorámica comprenderá Ud. que apelar al don de Dios, para quitar la tierra a otros, es sencillamente una blasfemia o una locura: la misma (si me permite decirlo así) de los que apelan a un “Alá más grande” para descargar su metralleta contra hermanos suyos.
Temo que, tras esta carta, ya nunca podré obtener visado para visitar Israel; y quizá no sea ésa la única venganza que me caiga. Pero le he escrito no sólo en defensa de muchos palestinos maltratados, sino también en defensa de otros judíos fieles, verdadero “resto de Israel”, que se sienten arrinconados en su tierra y se han jugado a veces la vida o la libertad, por no querer disparar contra hermanos suyos en humanidad. Comenzando por Isaac Rabin que aprendió, como David, a entonar su “Hannení Elohim Behasedeka”: ese “misericordia Dios mío por Tu bondad” que hoy reza tanta gente, judíos o no.
Que ese espíritu de Yahvé, que llena toda la tierra, le ilumine también a Ud.
Cristianisme i Justícia

169 años de un 'martirio cruento' por el celibato opcional por Rufo González


¡No podemos olvidar!


"Cuesta trabajo creer que haya en la Iglesia tal apego a una ley que ha producido tantos desmanes durante siglos"


(Rufo González).- 18 de Agosto de 1848. Un sacerdote de la diócesis de Buenos Aires (Argentina), Ladislao Gutiérrez, y su mujer, Camila 0´ Gorman, fueron asesinados por la autoridad civil con la bendición eclesial. Su delito: abandonar el ministerio sacerdotal y formar una familia. Les mataron a los dos y al hijo concebido, en el octavo mes de gestación. El obispo de entonces, Mariano Medrano y Cabrera, pidió al Gobernador: "en cualquier punto que los encuentren a estos miserables, desgraciados infelices, sean aprehendidos y traídos, para que, procediendo en justicia, sean reprendidos por tan enorme y escandaloso procedimiento". En su huida hacia Brasil,otro sacerdote avisó a la policía y los detuvieron.
Camino de Buenos Aires, en un juicio sumarísimo, fueron condenados a  muerte y fusilados en la mañana del 18 de agosto en el Cuartel General de Santos Lugares de Rosas (actualmente localidad de San Andrés, General San Martín). Ladislao hizo llegar a Camila este escrito: "Camila mía: Acabo de saber que mueres conmigo. Ya que no hemos podido vivir en la tierra unidos, nos uniremos en el cielo ante Dios. Te abraza tu Gutiérrez". Sentados en sendas sillas, cargadas por cuatro hombres a través de dos largos palos, les vendan los ojos y, escoltados por la banda de música del batallón, los llevan al patio interior. Camila lloraba. Cuando los soldados los ataban a las sillas, pudieron despedirse, hasta que Ladislao comenzó a gritar: "Asesínenme a mí sin juicio, pero no a ella, y en ese estado ¡miserables...!". Las balas los silenciaron.
¡No podemos olvidar!
Sobre todo, cuando la ley que permitió tal crueldad, sigue vigente. Este crimen es una consecuencia extrema de preferir la Ley a la libertad del Evangelio. Lo mismo fue la muerte de Jesús: "nosotros tenemos una ley y, según esa ley, debe morir" (Jn 19, 7). Este es un episodio especialmente violento de los muchos que jalonan la lucha por el celibato opcional.
Cuesta trabajo creer que haya en la Iglesia tal apego a una ley que ha producido tantos desmanes durante siglos y aún siga sustancialmente vigente. Por esta ley, sigue habiendo comunidades sin eucaristía, personas rotas vitalmente, escándalos, hijos desprotegidos, mujeres invisibles, destierros impuestos, vicios "contra naturam" (Conc. Lateranense III año 1179, canon 11), abusos "con impúberes de cualquier sexo" (Instrucción 9 junio 1922), etc. etc.
Quienes se oponen a esta ley no niegan en absoluto la posibilidad de un celibato evangélico, siempre que sea libremente mantenido. El celibato opcional contribuye a lograr vidas entregadas al ministerio eclesial, llenas de sentido. Pero también es verdad que en parte de la Iglesia católica -la oriental- hay "presbíteros casados muy meritorios" (PO 16), por su santa gestión del ministerio. Podría haberlos en la Iglesia católica occidental, si esta ley, que ata necesariamente ministerio y celibato, no existiera. A mediados del siglo XX, hay sacerdotes casados en parroquias católicas occidentales, procedentes de otras confesiones cristianas convertidos al catolicismo. Escandaliza el que no sea igual para todos.
La cerrazón autoritaria sigue manteniendo esta ley, a pesar de las masivas deserciones ministeriales -a causa del celibato- en el catolicismo occidental. Los máximos dirigentes de la Iglesia no quieren ver el signo de Dios en dichos abandonos. La Iglesia está cada día más desamparada de vocaciones a estos ministerios, pero no se buscan soluciones verdaderas. No se aceptan ministros ordenados no célibes ni mujeres cristianas, que, con los varones, son "uno en Cristo Jesús" (Gál 3, 28). La inmensa mayoría de la Iglesia -casados y mujeres- tiene vetado su acceso a los ministerios ordenados. ¡Ya está bien de perder el sentido común y eclesial!
Una evidencia: esta ley no procede del Evangelio de Jesús
La ley celibataria tuvo una primera etapa en la "ley de la continencia matrimonial de los clérigos" avalada por el papa Siricio (384-399). Se basaba en las supersticiones judías sobre la impureza de la relación matrimonial. Sigue hoy como "Magisterio de la Iglesia" (cf. H. Denzinger 185) la carta de san Siricio al obispo de Tarragona sobre esta ley de continencia. Sus bases erróneas pueden resumirse:
- confusión entre el sacerdocio antiguo y el ministerio de Jesús;
ignorancia sobre la bondad de la sexualidad;
interpretación errónea de "los que están en la carne no pueden agradar a Dios" (Rm. 8, 8);
- creer que Dios no escucha a quien tiene relaciones sexuales con su mujer;
Conclusión lógica, tan aberrante como las premisas: la relación sexual matrimonial indispone para celebrar los sacramentos divinos.

Otra evidencia: esta ley no es voluntad divina ni de "tradición apostólica"
Para atar más la ley -¡qué bien se le da a las tiranías estas argumentaciones!-, pretenden hacernos creer que esta norma es voluntad divina expresada en la vida de Jesús y sus Apóstoles. Incluso se atreven a cargar su imposición al Espíritu Santo que guía a la Iglesia. ¿Cómo puede honradamente sostenerse que la "continencia" es una "tradición apostólica" ante unos textos tan claros como estos?:
"Dios creó al hombre, varón y mujer, a imagen suya... creced y multiplicaos" (Gen 1, 27-28).
"No es bueno que el hombre esté solo; voy hacerle una compañera" (Gen 2, 18).
Jesús no lo exigió a sus apóstoles, ni lo recomendaba:

"no todos entienden esta palabra, sino aquellos a quienes se le ha concedido..." (Mt 19,11-12).
Los apóstoles estarían casados. De Pedro nos consta por casualidad:
"La suegra de Simón Pedro estaba en cama con calentura..." (Mc 1, 30s).
San Pablo claramente dice que "no es ley del Señor":
- "Sobre las vírgenes no tengo precepto del Señor" (1 Cor 7,25).
Pablo da un criterio, en desuso por la ley celibataria, para elegir obispo:
- "que gobierne bien su propia familia y se haga obedecer de sus hijos con dignidad" (1Tim 3, 4).
Reconoce que es un derecho tan vital como el alimento y la bebida:

- "¿Acaso no tenemos derecho a comer y beber?, ¿acaso no tenemos derecho a llevar con nosotros una mujer cristiana, como los demás apóstoles, incluyendo a los parientes del Señor y a Pedro?..." (1Cor 9,4-5).
- "Si no pueden sostenerse, que sea casen; más vale casarse que quemarse" (1Cor 7,9).
- "Supongamos que uno con mucha vitalidad piensa que se está propasando con su compañera y que la cosa no tiene remedio: que haga lo que desea, no hay pecado en eso; cásense. Otro, en cambio, está firme interiormente y no siente una compulsión irresistible, tiene libertad para tomar su propia decisión y ha determinado dentro de sí respetar a su compañera: hará perfectamente. En resumen, el que se casa con su compañera hace bien. y el que no se casa, todavía mejor" (1 Cor., 7, 36-38).
- "El Espíritu dice expresamente que en los últimos tiempos algunos apostarán de la fe prestando atención a espíritus embusteros y a enseñanzas de demonios, valiéndose de la hipocresía de impostores marcados a fuego en su propia conciencia, que prohíben casarse y abstenerse de manjares que Dios creó..." (1Tim 4,1-3).
La ley impositiva actual es fruto del imperialismo eclesial
Nació formalmente en el segundo milenio. Fruto del imperialismo papal surgido al final del primer milenio, una de las épocas más tristes de la Iglesia. Gregorio VII (+1085), el que se atrevió a dictar el "Dictatus Papae", en que se autoproclamó señor absoluto de la Iglesia y del mundo, no tuvo reparos en imponer que toda persona que desea ser ordenada debe hacer primero un voto de celibato: "Los sacerdotes [deben] primero escapar de las garras de sus esposas" (1074).
Poco después, en 1095, el Papa Urbano II hace vender a las esposas de los sacerdotes como esclavas y sus hijos abandonados. En el siglo XII, en 1123, el Concilio I de Letrán, a instancias del Papa Calixto II, decreta que los matrimonios clericales no son válidos. En 1139, el Papa Inocencio II logra que el Concilio II de Letrán confirme el decreto del anterior Concilio. Todo contrario al espíritu evangélico (Mc 10, 42ss y paral.).
¿Cuándo la Iglesia Católica reconocerá esta libertad del Espíritu Santo?
Muchas Confesiones cristianas rompieron esta ley inicua. ¿Cuándo lo hará la Iglesia católica? Pidamos al Espíritu Santo que haga presente pronto esta libertad. También la Iglesia "cuando se vuelva hacia el Señor, se quitará el velo. Ese Señor es el Espíritu, y donde hay Espíritu del Señor hay libertad" (2Cor 3, 16-17). Vincular ministerio y celibato no es obra del Espíritu. Es obra de la Ley. "Si os dejáis guiar por el Espíritu, no estáis bajo la Ley" (Gál 5, 18).
RD

Todas las víctimas… por Victoria Molins, stj



Acabado el “minuto de silencio”, con lágrimas en los ojos, y duelo en el corazón, regreso a mi ordenador a plasmar mis impresiones y sentimiento, porque creo que pueden representar a muchas impresiones y muchos sentimientos de los que vivimos en el centro de Barcelona, compartimos problemas y gozos de convivencia en el Raval y sus aledaños. Y, sobre todo, amamos a nuestros conciudadanos, sean de donde sean, vengan de donde vengan o estén de paso por unos días.
Ayer, unas horas antes, como tantos otros días pasaba por el lugar que , desde ayer a las 16,50 será “el lugar del atentado”. Cuando salgo del “Hospital de campaña” de la iglesia de Santa Anna y regreso a mi callejuelas del Raval, paso siempre necesariamente por ese lugar que ayer vimos regado de sangre y de dolor.
¿Sabéis lo primero que vi, cuando las cámaras de la Televisión enfocaban desde arriba el comienzo de las Ramblas, y la esquina por donde siempre me dirijo a Santa Anna? A uno de los mendigos que -sentado en el suelo- y, aparentemente “ajeno al dolor ajeno”, seguía en sus actitud de desamparo en  que le vemos diariamente. No corría como los demás, ni parecía inmutarse… Desde la distancia no distinguía y me preguntaba: “¿será Juan, i Alí, o Silvio..?”.
Porque el dolor de las multitudes -no hay más remedio que hablar de estadísticas en las desgracias colectivas- es el dolor de personas una a una, con su historia, su familia, su circunstancia…
Por eso hoy, al abrir los periódicos, una de las primeras cosas que me ha llamado la atención han sido dos reacciones distintas que salen de dos posturas ante la vida, diferentes.  El Papa Francisco hablada “rezar por las víctimas”… y Trump pedía “balas con sangre de cerdo para los islamistas”, convirtiendo en guerra de religiones el atentado terrorista, inspirando odio en lugar de dolor humanos por todas las víctimas, las que caen bajo la barbarie de los terroristas, víctimas de su mentalidad homicida y suicidad y las que son -para mí mucho más terrible y doloroso- víctimas de sí mismos, de su odio y de su mal interno.
Cuando los periódicos y las televisiones muestran el rostro de uno de los ejecutores del acto, yo veo el rostro de tantos otros amigos míos que desde niños están entre nosotros, han ido a nuestras escuelas, han participado de nuestras fiestas y han fumado porros vendidos en nuestras esquinas. Para mí son víctimas unos y otros y, horrorizada con el dolor de las familias que ayer perdieron a algún miembro, siento un profundo dolor por los que han creado esas víctimas y rezo por ellos. Son lo que estaba perdido, según Jesús.

Victoria Molins, stj
Vida Nueva

ES HORA DE BUSCAR TODAS LAS CAUSAS DEL TERRORISMO por Jaume Flaquer

Es hora de buscar todas las causas del terrorismo

Jaume FlaquerDesgraciadamente sabíamos que un atentado en Barcelona podía suceder. Su gran atracción turística lo hacía un plato demasiado deseado. Las Ramblas, además, son un paseo que hace tiempo que los barceloneses hemos abandonado.
Ante todo debemos subrayar que ni la religión (que dicen profesar) ni la nacionalidad de los terroristas debe contribuir a estigmatizarlas. La Comunidad Islámica de España, como hace siempre que hay un atentado en nombre del islam, se ha apresurado a condenarlo. Miles de musulmanes que viven entre nosotros viven estos acontecimientos con el mismo sentimiento de horror que los que no lo somos. O más si cabe, puesto que el uso del nombre de la propia religión para algo tan terrible ha de crear un profundo sentimiento de desolación. El Rey de Jordania en 2004 inició un proceso de condena pública del mundo islámico contra la barbarie. El gran dirigente islámico de Egipto ha querido también liderar este proceso en diversos congresos y declaraciones. Marruecos le ha seguido la saga, aunque no llegue a oídos occidentales.
Dicho esto, es preciso que entre todos hagamos un análisis profundo pero también honesto de todas las causas que provocan el terrorismo. ¡Y hemos de subrayar el “todas”! No solo las directas, sino también las indirectas. Hay metodologías de base más o menos marxista (aunque sea de manera matizada o evolucionada) que reducen las causas a cuestiones sociales, económicas, políticas o geoestratégicas, etc., sobre las que se montan las ideologías, también religiosas; y hay también metodologías contrarias, más o menos antirreligiosas (o islamófobas) que reducen las causas a la religión misma.
El fenómeno terrorista es extremadamente complejo puesto que no hay ninguna causa única que explique por sí sola este fenómeno. Hay terroristas (muchos) de clase media o media-alta, y gente extremadamente rica que lo financia. Muchos han cursado estudios universitarios (pero eso sí, casi siempre de carreras técnicas o científicas). No es, pues, un problema de simple falta de formación . Sin duda, los problemas sociales, de integración o de desarrollo de la propia identidad, potencian el fenómeno porque engendran a gente vulnerable que entra en estas corrientes ideológicas del terrorismo como quien entra en una secta. Pero no puede considerarse como la única causa porque los cristianos de los países de mayoría islámica viven en situación de marginación (cuando no de persecución) y no generan movimientos terroristas. Muchos terroristas tienen elementos de patologías psicológicas, pero no siempre las barbaridades las cometen enfermos mentales: no puede pensarse que todos los nazis fuesen enfermos mentales…
Es necesario abordar todas las causas. Hay causas de política internacional: la invasión de Irak y, antes, la lucha contra la URSS en Afganistán… El grupo “Estado Islámico” o al-Qaeda nacieron ahí. ¡Aún no he escuchado ni a Aznar ni a Bush pedir perdón por ello! El colonialismo europeo ha herido también la conciencia y orgullo árabe (y de muchas otras culturas).
Hay causas sociales: las enormes desigualdades económicas además de ser un escándalo ético son generadoras a menudo de rabia o de desesperanza. Si esta última puede llevar al suicidio, el terrorista consigue morir pero con sentido.
Hay causas psicológicas: también lo vemos regularmente en ataques de ira en individuos de Estados Unidos que realizan carnicerías con la ayuda de la facilidad de conseguir un arma.
Pero también, (sí, también), hay causas religiosas, aunque sean para pervertir la religión. Decir simplemente que “el islam es paz” o que “no tiene nada que ver con el Estado islámico o con al-Qaeda” es como decir que las cruzadas no tienen nada que ver con el cristianismo. Que sean una perversión de la religión no significa que no tengan nada que ver. Demasiados clérigos trasmiten el odio y la violencia estando ellos en contra de ella. ¡Cuántos imanes salafíes predican la prohibición de tener amigos cristianos y judíos! Sin duda es una perversa interpretación de un versículo coránico, pero esta interpretación se hace desde el islam propagado por Arabia Saudí. Desde este país, se escriben libros sobre jurisprudencia islámica que dictan la muerte del homosexual, del apóstata y del adúltero. Y estos libros ¡se venden en España traducidos al castellano! Arabia Saudí y otros países del Golfo condenan el terrorismo puesto que ellos también están en la punta de mira del Estado islámico y de al-Qaeda. Pero su islam lo produce sin cesar.
Si se condena al infierno a judíos, cristianos, y por supuesto politeístas y ateos, (y este elemento de fe no es solo profesado por los salafíes sino que es extremadamente común), ¿se puede decir que se es completamente ajeno a que unos locos quieran anticipar ese infierno ya en la tierra? Si Dios no consigue encontrar ni una pizca de bondad suficiente que merezca su salvación, ¿por qué lo tienen que encontrar los seres humanos?
Hagamos todos autocrítica sincera para acabar con este mal del s. XXI.
Cristianisme i justícia