Sunday, May 20, 2018

ESE PADRE TIENE QUE MORIR por Pedro Pablo Achondo ss.cc.



Lo que ha llegado a su fin es una «forma». Y creo que en particular una forma masculina de ser y de ejercer el poder; una forma masculina de ver la vida, las relaciones y el mundo. Las manifestaciones feministas, las marchas contra abusos y expresiones de acoso; la llamada a terreno del papa Francisco a los obispos chilenos, la intolerancia hacia formas masculinas de hacer política y ejercer el poder económico son muestras de que ese padre tiene que morir.


Esa «forma» masculina está en todas partes pues ha sido ella la que ha construido el mundo. Dicha forma vinculada y cimentada en una jerarquía fuerte, un autoritarismo o un ejercicio de la autoridad en donde la fuerza física prima (Lo que tiene su manifestación virtual en el dinero), una posición familiar y social definida, tareas asignadas y permisividades autoadjudicadas. Todo ello no da para más. La sociedad civil en su lucidez lo grita y exige. Es evidente que la defensa institucional (masculina) hará lo suyo y como lo han demostrado los últimos tiempos nada está ganado ni asegurado, ni con marchas ni con leyes. La transformación de ese padre debe ser interior, cultural y mental. Ese padre está en todo, en el deporte y sus dirigentes, en la Iglesia y sus curas, en la política y sus representantes, en el mundo intelectual y sus exponentes, en la música de moda y sus reguetones sexistas. Nos tienen rodeados. Sin embargo, esa «forma» no tiene relación sólo con el ser varón. Ese padre y su figura permea modelos femeninos y masculinos. El padre moribundo nos ha hecho ver el mundo de manera dualista, bifocal, pues él así se creó. Se formó y estableció viendo las cosas y construyéndolas desde una matriz dual: bien y mal, dentro y fuera, macho y hembra, Estado y pueblo, jefes y trabajadores, dueños y empleados, ricos y pobres… hay mucho que repensar y reformular. Lo que da que pensar es que el funeral del padre está a la vuelta de la esquina y no nos hemos detenido a ver las luces y pequeños (o grandes y sorprendentes) brotes de aquella nueva manera o, para ser exactos, nuevas maneras. Porque el error sería que el péndulo nos llevará a la forma contraria, algo así como la otra cara de la misma moneda, cuando lo que necesitamos -como personas, familias, sociedades e instituciones- son otras «monedas». No deja de ser impresentable que el padre machista, patriarcalista, autoritario, intocable, incontestable y violento siga tan presente en nuestras relaciones interpersonales. No sólo es bueno que ese padre muera, sino que es necesario y urgente, pues mientras siga vivo y fuerte los y las frágiles seguirán sufriendo: niños/as, ancianos/as, la tierra, las minorías, enfermos/as y los pueblos-nación indígenas.



Reflexiones Itinerantes
ss.cc. Chile

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